CRÓNICAS: Slap! Indoor. Las Armas, 1/4/16

El Slap! Festival se ha convertido ya en un clásico dentro de la programación de música en vivo de Zaragoza. Año tras año, este espacio sonoro que se alarga durante los tres días del fin de semana, nos sorprende con nuevas e interesantes propuestas que se mueven dentro de los parámetros sónicos de la música negra, aunque ampliados a otros sonidos como el garage o la psicodelia instrumental. Abrieron la noche del viernes los murcianos Crudo Pimiento, un duo sorprendente de músicos inquietos y difícilmente definibles en su concepto musical, que utilizan instrumentos extraños construidos por ellos mismos. Practican un estilo, como digo, difícil de definir, moviéndose entre el blues y el rock de raíz pero latinizado en ocasiones. Les siguieron los zaragozanos Victorius Fleet Commanders, un cuarteto de músicos muy jóvenes que ya tuvimos ocasión de ver hace pocas semanas en el festival Blues Armado. Las sensaciones ante ellos siempre son excelentes, pues su fuerza y carisma brilla por encima de la media. Practican un rock sucio cercano al garage que los emparenta directamente con otras propuestas locales como The Fire Tornados o Los Bengala, compartiendo sonido y fiereza en directo. Sudor, ritmo frenético y guitarras fuzz tiñen unas composiciones que alternan el inglés y el castellano como idioma de expresión; en Victorius Fleet Commanders los detalles instrumentales y arreglos de guitarra están muy trabajados y dotan a su música de una riqueza sorprendente. Jim Morrison sobrevuela sus conciertos pues su voz recuerda por momentos a la del cantante, siendo The Doors una muy posible influencia para este cuarteto de rock aragonés. Cerraron la noche los esperados Calibro 35, cuarteto de músicos italianos que dejaron a todos con la boca abierta. Su rock psicodélico instrumental, ejecutado con una técnica absolutamente brillante y perfeccionista, puso al público en pie de guerra e incluso haciendo “corros” donde se bailaba su música en el centro. Con una gran pantalla con una fotografía del universo tras ellos, que evocaba su querencia cósmica, la puesta en escena del grupo fue lo primero que sorprendió. Batería y bajista detrás, perfectamente acompasados, y delante dos teclados enfrentados tocados por dos multiinstrumentistas que lo mismo golpeaban el Hammond como tocaban guitarras, como soplaban el saxo magistralmente. Músicos de altura para una música de altura; en ocasiones recordando el sonido de los primeros discos de Pink Floyd, esos que rezuman ritmo, groove y rock progresivo por cada surco. El repertorio no dio tegua al público en ningún momento: no bajaron el ritmo durante todo el concierto, haciendo bailar cada vez más al respetable y poniendo una sonrisa en la cara del oyente más estático.

 

Texto: Alejandro Elías

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Victorious Fleet Commanders en el Slap!