CRÓNICAS: La lata de bombillas, 15 Fest. Las Armas, 24 y 25/4/15

Si hablamos del festival que celebra los 15 años de la Lata de Bombillas es inevitable hablar del cerebro de esa sala, Javier Benito: la manera en la que disfrutó de cada concierto es un resumen de lo que le impulsa a programar y de lo que se vivió este fin de semana en Las Armas. Es decir, mucho amor por la música, pasión por el mejor sonido pop en cualquiera de sus formas y un compromiso con el riesgo que no está discutido con la diversión. Así, la primera sensación que viene a la mente tras lo vivido es eso: alegría y música.

Abrieron Calavera, con nuevo trabajo bajo el brazo, “El monte del perdón”, tan fundamental como todo lo que nos han ofrecido hasta la fecha. Cada vez más rodados como banda de cinco músicos (las teclados ya están integrados sin problemas) y con una sección rítmica cada vez más rica, ofrecieron un sugerente y preciso concierto en el que lo único que le impidió acercarse al notable fueron los problemas de acoples de sonido. De todas maneras, un mal que no empañó la excelente labor de la banda, que llegó a niveles muy altos con la interpretación de uno de sus nuevos temas, “Cactus”.

Bigott continúa resultando esquivo y con la obsesión de que cada concierto sea diferente al anterior, dotando a sus canciones de una mutación permanente. No parece que sea un problema para sus seguidores, ya que aunque a “Cannibal dinner” le baje las revoluciones y casi la susurre, la explosión de euforia está asegurada. El sonido de su último y muy interesante álbum, “Pavement tree”, fue reinante en su hora de actuación y “Baby lemonade” fue recibida como un éxito incontestable. No fue su mejor concierto pero aún así no se pierde el interés del barbudo.
En la plaza de las armas se pudo ver a El Brindador a modo de sorpresa en una de las ventanas del edificio. El francés regaló un corto recital que, gracias a su siempre probada eficacia con su acústica, el encantador lugar y el buen ambiente que se respiraba, se convirtió en un acierto por parte de la programación.

Aunque servidor siempre agradecería más una reunificación de Galaxie 500, la visita de Luna a Zaragoza es motivo de alegría más que justificada. Tras 10 años, Dean Wareheam ha regresado a los escenarios con su segundo proyecto más relevante y siguen convenciendo. En ningún momento de su gozosa actuación dio la sensación que sólo estaban para cumplir el expediente. Con el punto positivo de lograr un sonido que está entre lo mejor que he escuchado en la sala, demostraron cómo insuflar intensidad al pop de una manera brillante. Lo sorprendente es que ellos con inusitada sencillez fueron capaces de lograr algo muy difícil a estas alturas: que el pop de guitarras característico de los 90, limpio y melodioso sonase fresco y excitante.

La jornada del sábado comenzó de manera gratuita en la plaza de Las Armas y a las ocho de la tarde asaltaban el escenario My Expansive Awareness, que ofrecieron una hora de rock psicodélico recargado de deliciosa distorsión a un volumen brutal (pero perfecto) que dejó en shock a quienes nunca los habían escuchado y ratificaron a los que los habíamos visto ya en otras ocasiones que lo suyo es muy serio. Conscientes de lo que se traen entre manos es muy grande, no dudan lo más mínimo es llevar su propuesta hasta el límite.

Ya dentro, se esperaba con impaciencia a Martin Carr, con un estupendo disco publicado el año pasado. El ex Boo Radley se centró exclusivamente en sonidos pop, que lo alejó de su banda madre. Aún con buenas composiciones, fue inevitable sentir al final de su actuación un cierto vacío, resultado de una escasa intensidad en las tablas. Dejó para el final “Lazarus”, que no ayudó a lavar la imagen; es más, una de sus canciones más emblemáticas e inspiradas sonó plana e insípida. Una lástima.

Pero toda la intensidad, inspiración y ganas que le faltó a Carr las tenían Tachenko, que jugaban en casa y ganaron por goleada (haciendo un símil deportivo de los que tanto les gustan). Hace tiempo que Vinadé y compañía son un valor seguro en un escenario, pero lo que demostraron en Las Armas fue de órdago. Con toda su rutilante colección hits (“Escapatoria”, “Suerte y relámpago”, “Amable”, “Dame una pista”…) hicieron patente que se puede hacer pop de guitarras y convertirse en una apisonadora en directo. Magníficos.

Tachenko dejó todo preparado para que el resto de la noche continuase como una auténtica fiesta, ahora sólo falta esperar al próximo aniversario. Larga vida a la Lata.

Texto y fotos: Jaime Oriz