CRÓNICAS: La costa brava. Sala López, 14/6/14

Muchas copas han caído desde aquel septiembre de 2008, cuando La Costa Brava celebraron su último concierto y que sirvió como homenaje al recién fallecido por entonces Sergio Algora. Una extraña sensación de alegría, tristeza, emoción y rabia embargó al público del abarrotado balcón de la Expo de Zaragoza. Casi seis años más tarde la banda ha vuelto a juntarse, y por un motivo más acorde a su filosofía: celebrar el décimo aniversario del Bar Bacharach, que fundó el propio Algora. Para tal magna ocasión, los cuatro miembros originales de La Costa Brava se subieron al escenario de la Sala López, es decir: Fran Nixon, Dani Garuz, Eloy Cases y Enrique Moreno. También se unió a la fiesta Ricardo Vicente (presente en todo el concierto pero que se unió a la formación años más tarde) y Liborio, bajista en la última etapa.

Acertadamente, el recital no se convirtió en el enésimo homenaje al cantante de El Niño Gusano (y el que esto firma tampoco va a seguir ese camino) y sí que fue un gran ejemplo de todo lo que significaba el “costabravismo”: una filosofía de vida positiva, que por medio del pop es capaz de alegrar los corazones de los oyentes gracias a sus inspiradas letras y melodías. Y precisamente las canciones fueron las auténticas protagonistas de la noche. Me pensé mucho acudir a la cita, por no empañar el grato recuerdo, pero con tan sólo escuchar “Dos ostras”, la primera en sonar, no pude albergar mayor regocijo. Lo que en un principio casi arrancó como un experimento (y que nos pilló a todos desprevenidos), publicando álbumes sin casi espacio de tiempo entre ellos, el tiempo lo ha convertido en una de las mejores colecciones de música pop en español de la última década. Como tales y como himnos fueron recibidas “Hazte camarera”, “Canción de regalo”, “Lentillas de colores”, “Mi última mujer”, “Adoro las pijas de mi ciudad”, “Natasha Kampush (hazme una perdida)”, “Olímpicos”… Vamos, un setlist sin fisuras.

Decía al arranque del texto que sentía temor del concierto. En parte, por el escaso tiempo del que el grupo habrá podido disponer para ensayar. Desde luego, no fue un concierto perfecto, ni falta que le hace. Hubo errores, varios, pero todos perdonables. Cuando la música se hace con corazón, con una pasión de verdad y se cuenta con un repertorio así, sólo de esta manera se logra un resultado tan emotivo como el de la noche del sábado. Por supuesto, se echo de menos el carisma de Algora, pero los temas que el cantaba lo suplieron de manera muy solvente un eufórico Vicente y un magnífico (en todos los frentes) Garuz. La hora y media que duró el recital se hizo corta, incluso escasa, pero los que lo presenciamos sabemos que tuvo algo de histórico. Para los bises dejaron las magníficas versiones que grabaron de Los Modos y Mama y para cerrar, ese clásico de Julio Iglesias que siempre dejaban para el final: “La vida sigue igual”, todo un resumen de la filosofía de un grupo irrepetible.

Texto y fotos:  Jaime Oriz

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