Crónicas: Joe Crepúsculo. Sala López, 10/3/2017

Después de asistir al espectáculo de Joe Crepúsculo es complicado saber hasta donde llega su cinismo. ¿Es un subvertidor de géneros, un renovador de sonidos denostados ,un artista que sabe reírse de sí mismo y sus gustos? Probablemente el catalán es la suma de todo ello y lo plasma en una puesta en escena en la que mezcla recursos propios del bakalao, letras de alguien con la cabeza muy bien amueblada y mucha mala leche. El propio Crepúsculo no oculta que en su juventud frecuentaba discotecas tipo Chasis o Pont Aeri y por ello no es de extrañar que en la López se viviera momentos propios de esa época: brazos al aire, arengas en nombre de la ciudad y muchas bocinas. Lo importante es que el autor del reciente “Disco duro” es un artista inteligente, casi un cirujano de la modernidad, que plasma como pocos el reflejo de cierta generación en unas canciones sobresalientes. Eso es lo importante y es lo que primó. Pocas quejas puedes plantear cuando suenan “Baraja de cuchillos”, “La canción de tu vida”, “Ritmo mágico”, “Maricas”, o “Mi fábrica de baile”. Tan sólo armado de unos teclados y cajas de ritmos no le costó mucho ser amo de la sala y manejar a su público, ansioso de dejarse llevar, conocedores de los placeres de Crepúsculo tras el último y exitoso concierto que ofreció en Zaragoza, dentro del festival de Zaragoza Feliz Feliz. Que buena parte de los presentes iba a acabar al final del concierto en el escenario era algo que se veía venir: su fórmula la tiene controlada y le resulta infalible. La duda que me surge es qué sucedería si se quitase la máscara, dejara el cinismo (si es que lo hay) de lado y se atreviera a plasmar toda la amalgama de sonidos que maneja en su cabeza y los presentase con todas las consecuencias. Por Jaime Oriz