Crónicas: Elvis Costello. Sala Mozart, 4/6/16

Puntual, perfectamente trajeado, con sus eternas gafas de pasta y con una elegancia que el paso del tiempo no ha hecho más que acrecentar, en todos los sentidos. Elvis Costello salió en solitrio al escenario del Auditorio y el público le recibió como la estrella que es. Dos horas y cuarto más tarde, el músico se despedía con prácticamente todos los asistentes de pie, mostradole sus respetos. Sin querer entrar en adjetivos rimbombantes, la actuación del inglés sólo se puede definir como sobresaliente: una impecable lección de lo que ha significado el pop/rock en los últimos 40 años.

Se dio a conocer como icono de la new wave, de alguna forma había que arrancar, pero durante su larga carrera no ha dejado de probar estilos diferentes que le han acercado al rock, al folk, o al blues. La duda era qué Costello íba a aparecer en el escenario: si el alumno aventajado que es de Bart Bacharach, al eléctrico rockero o al artista inquieto y experimentador. Fue todos y ninguno. Lejos de caer en la reinvención coyuntural, Costello siempre ha usado los diferentes estilos de música para asimilarlos, rehacerlos a su manera y crear un estilo propio, único.

El anuncio de que el creador de «Spike» iba a actuar en acústico pudo hacer pensar a muchos de que se trataba una gira para abaratar costes y sacar unos buenos beneficios; en absoluto. Su “Detour” ha servido como una excelente ocasión de ver al artista enfrentarse a su obra de una manera valiente, desnudo pero con fuerza. De cierta manera fue como aquellos excelentes “Storytelling” que se podían ver en la VH1, donde grandes músicos explicaban el originen de sus canciones. Tampoco descuidó la puesta en escena: el centro del escenario estaba presidido por una enorme pantalla de televisión retro, rodeada por un arsenal de guitarras, en el que se mostraban imágenes de sus ídolos (Alain Toussaint incluido), carteles de clásicos del cine y momentos de su vida. Simple, pero tremendamente efectivo. Mención especial se merece el trabajo de luces que se llevó a cabo.

Al poco de arrancar la velada ya sonaron “The angels wanna wear my (red shoes)” y “Accidents will happen”, pero el repertorio estuvo lejos de ser un “grandes éxitos”. El marido de Diana Krall hizo un repaso de practicamente todas las épocas y proyectos de su carrera, sin miedo a mostrar temas desconocidos para el gran público. El resultado no se resintió, al contrario, ganó en complejidad y coherencia. Al primer tramo del concierto se enfrentó armado de guitarras electroacústicas y cuando parecía que show iba a estacancarse, Costello se sentó a su piano (suyo, literal) y volvió surgir la magia. “Shipbuilding” sonó gloriosa y con la presentación de un nuevo tema logró uno de los momentos más ovacionados de la noche.

Al poco volvió a sorprender mostrando su faceta más folk y blusera. El espíritu de Bob Dylan, Tom Wais o Roy Orbison salieron a florecer mientras el músico, sentado en una vetusta silla, interpretaba sus temas de la manera más desnuda.

Aún quedaron tres momentos que difcilmente se borrarán de la cabeza de los asistentes: “Alison (my aim is true) sin enchufes y con Costello cantándola entre el público; la versión electrificada de “Watchin detectives”; y la estremecedora ejecucion de “I want you”. A sus pies, Sr. Costello.

Texto y fotos, Jaime Oriz

Elvis Costello, por Jaime Oriz

Elvis Costello, por Jaime Oriz