Crónicas: Calavera. Sala López, 20/5/2017

Lo más destacable de “Exposición” es su cuidadísima producción y por la obstinación de los miembros de Calavera en lograr un sonido tan propio y reconocible, como acorde a los nuevos tiempos. El primer larga duración de los zaragozanos ha cumplido con los objetivos marcados de manera más que notable, ahora surgía la duda de cómo iban a trasladar esos planteamientos sobre un escenario sin perder los matices ni fuerza. Un rápido vistazo al escenario de una rebosante Sala López ya ofrecía importantes pistas: multitud de teclados, aparatos tecnológicos de cualquier época y muchos pedales para las guitarras.

A los nuevos Calavera les bastó poco más de una hora para convencer a los escépticos. Quizá hayan perdido parte de la intensidad del pasado, pero han ganado en riqueza sonora y riesgo. Tampoco han perdido la inspiración con las melodías, pero ahora lo que prima son las atmósferas, perfectamente sostenidas gracias al encomiable trabajo de Ivan Fanlo a la batería e Isaac Morera con el bajo y demás aparatos de los que se hizo cargo.

No dejaron de lado su pasado y no dudaron en rescatar piezas clave sus dos Eps previos, con una vigorosa “Escalador” a la cabeza. Pero donde más cómodos se les pudo ver es con las nuevas composiciones. “Esqueleto” y “Atlas” sirvieron como punto de partida de una noche en la que tuvieron tanto protagonismo los teclados de Ignacio Pérez, como la característica manera de cantar y melodías (sobresalientes, por ejemplo, en “Museo”) de Alejandro Ortega (se le ve cómodo en su faceta de Bon Iver del Ebro), y no quisieron abandonar ese camino en toda la actuación, llevando hasta las últimas consecuencias las ideas plasmadas en “Exposición”.

Aún rubricando una noche más que notable, la sensación es que la evolución de Calavera no ha hecho más que comenzar, que este atrevido paso que han dado es el comienzo de una nueva etapa que les puede llevar por caminos poco transitados en el pop aragonés.  Texto y fotos, Jaime Oriz