The Faith Keepes. Jueves 9 de mayo, Café Hispano.

The Faith Keepers son ya una de las realidades más latentes de la música aragonesa. Una banda que ha conseguido el beneplácito absoluto de la crítica pero también de un público que trasciende cualquier etiqueta. En sus conciertos -como el del pasado jueves en Café Hispano- ya no se ven sólo amantes del soul, en funk o el rhythm and blues; se ve un público ecléctico en edad y afición. Es sin duda el mayor logro de un grupo que no hace concesiones a su actitud, siempre fieles a su talante y condición.

Cuando se suben al escenario, un pequeño huracán se desata a varias manzanas de la sala donde se produce el concierto. Ritmo, pasión, actitud y sudor se mezclan de manera precisa en unas composiciones que hacen justicia a un género musical difícil de imitar. Toda la historia de la música negra está condensada dentro de las canciones de estos “guardianes” y sus instrumentistas saben cómo sacar todo el jugo posible a esas influencias. Hasta ocho personas pueden llegar a coincidir encima del escenario en un concierto de la banda que, en el caso del Café Hispano y su minúsculo escenario, es sinónimo de incomodez.

En esta ocasión el sonido no acompañó del todo la gran actuación de la banda zaragozana. Todavía no hemos conseguido escuchar un sonido perfecto en la sala del Camino de las Torres y este jueves no fue una excepción. Con un aforo realmente importante –unas doscientas personas-, The Faith Keepers volvieron a dar todo encima de las tablas. Una pena que la voz de Borja Tellez –uno de los grandes atractivos del grupo- no llegara a escucharse en su total plenitud. Las guitarras esta vez tampoco sonaron como suelen. Algo pasaba en la mesa de sonido que no terminaba de sacar todo el potencial que estos ocho músicos desprendían desde el escenario, hecho que propició una inusual respuesta del público en los conciertos del grupo: apatía, falta de movimiento y timidez a la hora de romper a bailar. Borja tuvo que azuzar los ánimos del respetable varias veces para que el público se comenzase a soltar y sus palabras hicieron efecto propiciando un fervor que sí es habitual en sus shows.

El repertorio no ofreció grandes variaciones con respecto a los últimos conciertos que la banda ha ofrecido. Introducen el show con una tanda instrumental, cercana al boogaloo y plagada de ritmos latinos que el percusionista ejecuta con una solvencia impecable. Después se alternan las canciones pertenecientes a su último disco con canciones anteriores y versiones clásicas que producen satisfacción plena en los seguidores más acérrimos de la banda. Así durante dos horas, sin parar de bailar y de sudar, al ritmo de unos chavales que apenas rozan los 25 años de edad.

Arropados ahora por los responsables del Desafinado Café y con la mirada atenta de Edu Sancho desde la distancia, The Faith Keepers tienen un futuro muy prometedor ante sus ojos. Pero lo importante, como siempre, es el presente y ahí es donde este grupo puede presumir de contar con un nutrido número de seguidores que hoy en día llenan cada uno de sus numerosos conciertos. Too black to be White!!

 

Texto: Alejandro Elías, Fotos: COCOSHOTS