Najwa Nimri. Sábado 30 de abil, Casa del Loco

Asistir a un concierto de Najwa Nimri es toda una experiencia; algo que va mucho más allá de lo estrictamente musical. De hecho, los conciertos de esta gira de Najwa tienen muy poco de musical y mucho de teatral. Hecho que resulta, cuando menos, curioso y original. Estoy convencido al 100% de que este concierto del pasado sábado en La Casa del Loco fue el más surrealista y extraño de todos cuantos han pasado por ese escenario en sus 14 años de programación ininterrumpida. Es tarea casi imposible reflejar en un papel lo que esta cantante y actriz ofrece sobre un escenario. Aún así, se intentará.

 

Lo primero que sorprendió es ver la cantidad de gente que acudió a La Casa del Loco a ver el concierto. Aproximadamente dos tercios de la sala estaban cubiertos y eso no resulta nada fácil en los tiempos que corren. Encima de las tablas tan sólo dos personas: Najwa Nimri y un guitarrista, Iván Valdés. Detrás de ellos, el vacío. Ni una batería, ni amplificadores, ni teclados, ni instrumento alguno. Cosa que hacía presagiar que el recital sería al completo en este precario formato. La música comenzó a sonar y ya se intuía que el concierto sería más un ritual de narcótico protocolo que un desfile usual de ritmo y canciones.

La guitarra acompañante emitía arpegios semi distorsionados y acompañados de efectos sonoros que aumentaban la presencia musical. Por encima, la voz suave y susurrante de Najwa se convertía en canto hipnótico. Las canciones de su último y reciente disco “El último primate” fueron las que sonaron primero. En el disco, las canciones suenan producidas, acompañadas de bases electrónicas, instrumentos de cuerda, guitarras, bajos y teclados. En directo, estas canciones son otra cosa. Se desconocen las razones que han llevado a la cantante a no servirse de una banda durante esta gira para vestir sus canciones, pero es una decisión arriesgada, muy arriesgada. Las letras son sublimes, lo realmente reseñable dentro de unas composiciones sutiles y con un cierto grado de “malditismo”. Pero es la actitud que Najwa proyectó durante toda la noche lo que efectivamente se contagió entre los presentes. La cantante azuzó al público, encendió cigarrillos, gritó, bailó, insultó, recitó, habló… toda una función teatral. El público en su gran mayoría –una pareja salió de la sala indignada, increpando el espectáculo- se contagió y participó en el ritual que la cantante propuso. Hasta participó de él: en varias ocasiones Najwa invitó a subir a aquel que quisiera expresar sus sentimientos y delirios. Subieron dos chicas sin otro ánimo que “dar la nota” y la protagonista las echó del escenario. Al segundo intento, la cosa cuajó. Una espontánea agarró el micro y sus demonios salieron de su cuerpo ante la aprobación de la “maestra de ceremonias”. No fue la única; todo el público celebró el encuentro espontáneo con aplausos y voces alzadas.

Se agradece que existan en España artistas así. Se agradece mucho que te sigan sorprendiendo. Algo original y subversivo jamás pasa desapercibido. Es, sin duda, el propósito de un músico que deja sus buenas canciones aparcadas en el disco para vestirlas con un manto teatral y  revoltoso en directo.

 

Texto: Alejandro Elías