Crónica: Mucho. 15 de Marzo, Casa del Loco

Vivimos tiempos confusos, tiempos a los que cuesta adaptarse. En casi todos los gremios y disciplinas artísticas existentes en la actualidad, la oferta supera a la demanda. El mundo de la música no es, ni mucho menos, una excepción y más concretamente el mundo de la música en vivo. En cualquier capital de provincia o localidad medianamente grande se pueden llegar a juntar en un mismo fin de semana decenas de conciertos de todos y cada uno de los estilos imaginables. ¿Cómo elegir? ¿Por cuál optar? La respuesta es tan compleja que el espectador, en ocasiones, se anula como tal y opta por no ir a ninguno. Es quizá el diagnóstico más exagerado de todos los posibles, pero no se aleja mucho de la realidad. 

Algo parecido debió suceder el pasado viernes en La Casa del Loco con los madrileños MUCHO, pues se encontraron con una sala prácticamente vacía. El grupo surgió hace algunos años de las cenizas de The Sunday Drivers y ha conseguido quitarse su alargada sombra de encima y crear un discurso propio, cantando en castellano, que poco o nada tiene que ver con la banda que lideraba Jero Romero. Ahora practican un rock  n’ roll directo, sucio y muy matizado que en ocasiones se acerca con gusto al pop e incluso a la psicodelia. La base rítmica resulta impecable y se nota la escuela beatleiana, no en vano, por todos es sabida la simpatía que profesaban los “domingueros” por los Fab Four. Protagonistas son también las guitarras ejecutadas por Víctor Cabezuelo –líder de Rufus T. Firefly-, que también hace las labores de teclista, imprimiendo su carácter a unas canciones que le van como anillo al dedo. Pero es Martí Perarnau el verdadero protagonista de esta historia. El cantante y compositor de la banda, guitarrista y también teclista, es el alma del proyecto y el encargado de dar voz a unas canciones de “pop cósmico”, como ellos las definen. Y no les falta razón: sus arreglos e instrumentación tienen mucho de cósmico –si es que se puede aplicar este adjetivo en el ámbito musical-, a veces quizá demasiado, pues la reverb que Martí utiliza como efecto para su voz empaña en demasía la calidad de sus letras, que rara vez llegaron a entenderse durante el concierto. Ese poso psicodélico, sin embargo, suma a sus composiciones un punto a favor y les acerca en ocasiones a los Pink Floyd más rockeros, con solos de guitarra acompañados de órganos incendiarios al más puro estilo 70’s. No se olvidan tampoco de mostrar sus influencias más cercanas –en tiempo y distancia- y ahí aparecen Quique González e incluso Iván Ferreiro en canciones como “Más feliz sin televisión” o “Si no hubiera mañana”. Sonó su último disco “El Apocalipsis según Mucho” prácticamente entero, destacando temas como “Motores” o “La larga risa del emperador”, por citar dos de las que mejor funcionan en directo. También tuvieron guiños a su primer y homónimo disco, editado hace un par de años. A destacar la capacidad instrumental del cuarteto y, sobre todo, su valentía y buen hacer ante conciertos de este tipo, en los que hay que tener tablas suficientes para sacarlos adelante.

 

Texto: Alejandro Elías

Fotos: Patricia Borraz