Havalina. Sala López, viernes 13 de mayo

Quiero pensar que fue la gran oferta musical de la ciudad  o la crisis los factores del escaso público de ayer. Ni media entrada registraba ayer una sala López en pleno aniversario (y que nos dure mucho más) en la visita de Havalina, uno de los grupos de la “nueva ola” de bandas de rock en castellano. Un hecho que no tiene nada que ver con la calidad de lo acontecido en el escenario donde el trío madrileño dejó muy buen sabor de boca pese a la resaca que le supuso el concierto de la noche anterior en Valencia.

Havalina es uno de esos grupos hechos, tienen su propuesta y no necesitan venderse a través de ropas o discursos vanos, tienen ya seis discos en su haber y un sonido propio y, por cierto, muy contundente. En esta gira de presentación de Las Hojas Secas basan todo su repertorio en sus grabaciones en castellano, un paso fundamental para llegar a más público. La noche comenzó con la delicadeza que ofrece el tema homónimo del disco, la calma antes de la tempestad, Havalina recorren la senda de la electricidad y van por el camino directo, unas veces por bosques frondosos y otras por montañas rocosas, suavidad y dureza enlazándose con la distorsión y la melancolía. Todo ello se puede observar en canciones como Sórdido, Ley de la Gravedad o Punto de Reconciliación (inspirada en los perritos calientes del IKEA), ayer escuchadas.

Con sus dos últimas grabaciones como base del concierto únicamente se acordaron de su primera obra en castellano, Junio, con Dónde irán. Temas largos con progresiones pesadas y mucho ruido y distorsión para la satisfacción de la audiencia. Tras un amago de finalizar con la épica Desinspiración, Havalina me hicieron el regalo personal, y quise creer que así era cuando escuché los primeros acordes de Dream Brother de mi idolatrado Jeff Buckley en una versión más que respetable. Con Incursiones se despidieron de Zaragoza, los que estuvimos lo disfrutamos, los que no tendrán que saldar cuentas con el diablo.

Texto y fotos: Stabilito, D.