El Columpio asesino. Viernes 20 de mayo, Casa del Loco.

Lo normal es que cuando un grupo está de gira de presentación de un nuevo disco es que los temas recientes caigan al principio para dejar lo conocido para el final, a modo de buen sabor de boca. El Columpio Asesino están tan orgullosos y seguros de su nuevo trabajo, Diamantes, que hicieron al revés, y funcionó. La banda de los hermanos Arizaleta arrancó con la contundencia y perversidad que tiene Edad legal para luego hacer un completo repaso de su primer álbum. No hizo falta más tocar Ye, ye, yee, Your mind is dead, Motel y Vamos (esa genial versión de los Pixies) para que en 20 minutos La Casa del Loco ya estuviera en estado de ebullición.

Después de mostrar todo su dominio a la hora de crear ambientes malsanos a base de guitarras distorsionadas, bajos que van directos al estómago y letras entre lo delicado y lo perturbador, dieron paso a su vertiente más íntima y relajada. “Vamos a bajar las revoluciones”, dijo el batería y cantante. Lejos de perder interés, esta parte sirvió para reforzar la completa paleta de colores que posee la banda. Dime que nunca lo has pensado, MGMT y Cisne de cristal me convencieron mucho más que en su versión del disco y dieron el protagonismo vocal a la guitarrista. Diamantes y Corazón anguloso, fueron un ejemplo de medios tiempos con espirales de ruido y distorsión que tan bien saben controlar.

Para el final se dejaron dos trallazos. Primero fue Perlas, espectacular con su afilada guitarra y su apoteósico in crescendo; y después Toro, firme candidata a canción del año (con permiso del señor Nacho Vegas); un hit en toda regla que mezcla el ritmo krautrock de sus comienzos con unas guitarras propias de los Pixies y un estribillo contagioso. Remataron la faena, tras los bises, con las infalibles Lucas 44-48 y Floto.

Sin duda, el mejor concierto, el más completo, que he visto del Columpio Asesino. Con  su primer disco homónimo, por sus claras deudas de los Primal Scream más experimentales, me conquistaron; con el tercero, La Gallina, con el que finalmente consiguieron un sonido y universo realmente único, me enamoraron; y ahora tras la exhibición del pasado viernes sólo puedo decir que es uno de los grupos de rock más interesantes tanto en estudio como sobre un escenario que hay en este país. Ala, ya lo he dicho.

Texto y fotos: Jaime Oriz