Crónicas: Ocean Colour Scene + Guisante. Teatro de las Esquinas, 18/04/13.

¿Qué la juventud no va a los conciertos? Pues habrá que ir a por los treintañeros, que tras recibir ostias por la vida ya deben estar nostálgicos y necesitan reencontrarse con las canciones que crecieron, en una etapa con menos preocupaciones. La mala noticia es que los 90 ahora son los nuevos 80, esa época de la música que cuando éramos adolescentes mirábamos con desdén, como por el retrovisor. Ocean Colour Scene cuando visitaron por primera vez Zaragoza como teloneros de Oasis, con un Príncipe Felipe a rebosar, era una de las promesas del nuevo pop inglés (Brit-pop, ya sabéis); la segunda, en la Oasis, era ya una banda consolidada; y ahora es un grupo que ha seguido publicando discos más que aceptables pero que poca gente menor de 25 años recordará fácilmente. El tiempo no perdona.

Pero los buenos recuerdos pesan mucho y no es de extrañar que el Teatro de las Esquinas registrase un lleno casi absoluto para ver a los ingleses. La excusa para esta nueva gira no es otra que la presentación de su nuevo disco, “Painting”, con el que mantienen muy bien el tipo. Ahora, mirando con perspectiva, nunca fue un grupo de grandes álbumes pero sí con una gran colección de singles, por lo que sería injusto juzgar su último trabajo muy duramente. Van a lo suyo, ajenos a modas.

Lástima que su traslado al directo no resultase todo lo satisfactorio que podría haber sido. La banda salió un tanto desganada, a pesar de casi arrancar con “Hundred mile high city”, y el triste sonido, que no mejoró hasta el final de la velada, no ayudó tampoco a que levantaran el vuelo. “Painting”, “Doodle book”, “Weekend” no son malas canciones, ni mucho menos, pero su ejecución resultó plana y, lo que es mucho peor, en ocasiones caduca. Salvó la noche su profesionalidad en el escenario y los hits de los que van cargados (que son muchos y buenos pero prescindieron de buena parte). Y es que más allá de “The riverboat song”, “Travellers tune”, “Profit in peace” y “The day we caught the train”, no consiguieron volver loco a un público que tenían ganado de antemano. Aún así, resultó curioso ver cómo la gente no se cansó de pedir un segundo bis y, ante la insistencia, los técnicos se vieron obligados a subir el volumen de la música ambiente para vaciar la sala.

Que fuese el primer concierto de la gira española tampoco debió ayudar mucho pero a un grupo al que le hemos visto excelentes conciertos en esta misma ciudad, se le debe exigir más. Más aún cuando Simon Fowler sigue manteniendo su personal voz, Steve Craddock aún luce como un carismático guitarrista y Oscar Harrison sigue molando mientras golpea la batería.

De teloneros ejerció Guisante, que con la banda al completo dio un repaso a su reciente y sobresaliente disco. Rafa Dominguez y los suyos, a diferencia de los de Birmingham, se encuentran perfectamente engrasados y su rock musculoso, lleno de aristas y nada complaciente volvió resultar impecable sobre el escenario, con poco más de 30 minutos.

Texto y fotos, Jaime Oriz

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