CRÓNICAS: JOHN PAUL KEITH. EXPLOSIVO, 29/03/2014

Una de las cosas mágicas que posee la música es su capacidad de transportar al oyente a otro tiempo y a otro lugar. Igual que el cine, igual que la fotografía. Es esta una de las razones por las que el ser humano consume arte. El ansia de saciar esa melancolía y esa nostalgia –incluso de aquello que no se conoce-, es el motor que nos lleva a intentar evadirnos de lo cotidiano, de lo real.

Presenciar el pasado sábado el concierto de John Paul Keith en el Explosivo! Club fue una verdadera máquina del tiempo, pero sobre todo, un transporte interdimensional que nos llevó a todos en un instante hasta la América más profunda y verdadera. John Paul es un músico de 38 años nacido en Knoxville, Tennesse, una de las cunas del rock n’ roll y de la música moderna. Lleva en la sangre el sonido de Memphis, aquel que nació en los estudios Sun Records y que encumbró a artistas como Elvis o Johnny Cash. Con tan sólo tres discos en el mercado, el delgado y menudo John Paul gira sin descanso a ambos lados del atlántico y durante todo este mes de marzo ha ofrecido nada más y nada menos que ocho conciertos por toda España, algo sin duda reseñable para un intérprete como él, tan alejado del circuito de salas estatal. Comenzó el concierto con mucha expectación por parte del público, que llegó con creces al centenar de personas, hecho a celebrar por parte de los organizadores y de la propia banda, pues sin duda se iban a sentir muy arropados durante toda la noche. Con formación de cuarteto, apareció el grupo capitaneado por Keith: batería, teclados, bajo y el cantante armado con su inseparable Telecaster, sus gafas de pasta y su gomina en el tupé. El recital de rockabilly no se hizo esperar y las primeras canciones ya destilaban ese sabor inconfundible a clásicos como Buddy Holly, Chuck Berry o Roy Orbison. Con un ritmo trepidante, la banda tocó sin descanso todos y cada uno de los temas que componen su último disco “Memphis circa 3am”, canciones que entroncan los clásicos ya citados con reminiscencias más modernas, como por ejemplo Elvis Costello o incluso Whiskeytown (banda seminal de Ryan Adams). La gente se unió a la fiesta rápidamente y a la tercera o cuarta canción ya se formó un subgrupo de “bailarines” en las primeras filas que no dejaron de moverse durante todo el show a ritmo de temas como “We got all night”, “True hard money” o “Anyone can do it”. También hubo tiempo para las baladas y los medios tiempos, género que Keith y su banda dominan a la perfección. Para animar algo más el cotarro, todos sabemos que lo mejor es sacarse de la manga una versión de un tema popular; John Paul lo sabe e hizo lo propio con “Mistery Train” de Elvis Presley en una magistral revisión más acelerada y rítmica que la original. La banda alcanzó entonces su punto de ebullición que contagió al público de inmediato, momento perfecto para encarar la parte final del concierto. “Carol” de Chuck Berry y “Wasted days and wasted nights” de Freddy Fender fueron otros de los covers que tenían preparados, aunque quizá el que más sorprendió fue el de “I can help” de Billy Swan. La banda se retiró al cabo de una hora y media para hacer frente, minutos después, a un par de bises finales que pusieron punto y final a un soberbio recital de memorables canciones de rock n’ roll.

Texto: Alejandro Elías