Coque Malla. Viernes 17 de junio. Casa del Loco.

Coque Malla es un tipo enorme. No levantará más de 1’70 metros de estatura, pero es un tipo enorme. Un artista de los pies a la cabeza con un estilo desbordante, un talento extraordinario y una inteligencia envidiable. Hacía tiempo que no presenciábamos un concierto tan estimulante como el que ofreció el madrileño el pasado viernes en La Casa del Loco. Un concierto absolutamente inspirador y con altísimas dosis de compenetración entre público y artista. De lo mejor que ha pasado este año por las tablas de la sala sita en la calle Mayor zaragozana.

Lo primero que sorprendió fue comprobar que a Coque Malla tan sólo le acompañaban dos músicos sobre el escenario. Pero ¡qué músicos! No hizo falta ni una sola mano más para dar forma a un repertorio que se sostiene por sí solo, pues las canciones de los dos discos en solitario del ex líder de Los Ronaldos son de una calidad tan alta que tan sólo tocadas a guitarra y voz ya resultarían convincentes.

En la primera parte del concierto, el madrileño se centró en las canciones más lentas y sugerentes de su último disco “Termonuclear” como “Despierto”, “La carta” o “Puede ser”. Una manera arriesgada, sin duda, para comenzar un concierto pero que ya dio muestras de la calidad que el trío nos iba a ofrecer a lo largo de todo el show. Varias de esas canciones fueron adaptadas para la ocasión, pues la versión que aparece en el disco está interpretada tan sólo con una guitarra y/o un piano. Tras este comienzo a velocidad reducida llegó el turno del rock and roll castizo, ese que tan bien se le da a Coque Malla y que contribuyó a popularizar con su grupo a comienzos de los 90. Con la versión de Las Ruedas “Rosa’s Motel” y “Esperando un milagro” de Los Ronaldos, los tres músicos pusieron ya a bailar a todo el respetable. Entonces llegó “Berlín” y la sala volvió a enmudecer para escuchar una canción monumental, tan emocionante y sugestiva que hasta se pudo ver alguna lágrima en los ojos de algún espectador. Un break que sirvió para retomar con más fuerza el lado festivo con “Cuídate”, “Hace tiempo” y “No puedo vivir sin ti”.De nuevo una mención especial al guitarrista y batería, pilares en los que el cantante apoya un repertorio que ejecuta con gozo y disfrute. Y así debe ser, pues todos sabemos que eso se contagia.

Planteó el tramo final del concierto de forma similar al comienzo, pero de manera invertida. Después de presentar a la banda sonaron “She’s my baby”, “Abróchate” y “Hasta el final”, canciones rítmicas y muy rockeras. Y para los bises dejó de nuevo varias canciones lentas con un poso dylaniano evidente que hicieron que a más de uno se le hiciera la boca agua. Con “El barco”, “Lo intenta” y “Una moneda” echó el telón a una noche redonda, con la satisfacción de haber conseguido un feeback con el público muy difícil de conseguir.

Coque Malla es uno de esos artistas fundamentales en la música española. Uno de esos músicos que tiene que estar, que debe permanecer. Un hacedor de canciones con muchas cosas que contar, con una simpatía a prueba de bombas y una maestría encima de los escenarios grabada a fuego en su ADN.

 

Texto: Alejandro Elías. Fotos: Anna Moshi (Gustaff Room)