Si durante el primer día de festival nos habíamos llevado las manos a la cabeza por la escasez de público asistente, el panorama de esta segunda jornada no fue mucho mejor. Sí es cierto que conforme pasaban las horas iba llegando más gente a la sala, haciendo que las primeras filas se llenasen y el cómputo general de asistencia pareciera el óptimo.
Abrieron la noche los locales The Faith Keepers, una banda que sorprende a propios y extraños. Una banda que puede presumir de ser el grupo local que más gente ha metido en La Casa del Loco, por ejemplo. Esto nos hace ver que el público está con ellos y así lo demostraron el sábado en la sala Oasis. Las primeras filas de gente saltaban y bailaban al ritmo de los sonidos contagiosos de los “guardianes de la fé”, cuyas canciones poseen tal “groove” que es realmente difícil no moverte cuando las escuchas. Con su particular mezcla de soul clásico, boogaloo y funk latino, han conquistado a un buen número de seguidores aragoneses que ya no se pierden ni uno solo de sus conciertos.
Les siguieron Tokio Sex Destruction que consiguieron poner la temperatura del público al máximo con su salvajismo y puesta en escena. Con una música difícil de definir, mezcla de garaje, soul electrificado y rockabilly, la banda dejó con la boca abierta a una gran cantidad de público asistente. El cantante y frontman se dejó la piel encima del escenario, bailando sin parar, gritando, saltando abajo del escenario y sudando como un deportista en plena actividad. Uno de los cantantes con más actitud y presencia escénica del panorama rockero español.
A Maga les tocó salir en un momento no demasiado bueno para desplegar su propuesta, quizá la más íntima y susurrante de toda la noche. Después del huracán llamado Tokio Sex Destruction, los andaluces lo tenían difícil para mantener ese estado de ánimo entre los presentes. Tan solo lo consiguieron al final, cuando atacaron con sus canciones más conocidas y, sobre todo, con una versión genial de la sublime “Diecinueve”, la mejor canción de todo su repertorio. Presentaron casi la totalidad de temas de su nuevo disco “A la hora del sol” y deleitaron al público con las conocidas “Agosto esquimal” o “Celesta”.
Y para terminar, el plato fuerte de la noche: los americanos The Posies. Viejos conocidos de la ciudad y el entorno de La Lata de Bombillas –organizador del evento- Jon Auer y los suyos volvieron a dar lo que se espera siempre de ellos. El mejor sonido de todo el festival, con unas guitarras que rugían y una energía propia de chavales de 20 años, en vez de señores de 45. El guitarrista Ken Stringfellow hizo de maestro de ceremonias ante un Jon Auer más tímido y en menor estado de forma. Venían a tocar el disco de sus contemporáneos Tennage Fanclub, grupo escocés del power pop del que han tomado prestado su disco “A Catholic Education” para tocarlo de principio a fin en directo. Las canciones de los escoceses funcionan a las mil maravillas en la voz y los instrumentos de The Posies, que han encontrado en su influencia la horma de su zapato. Al final del show y ya con todo el público a sus pies, terminaron como mejor puede hacerse: con varios de sus propios hits. Pusieron así la guinda a un pastel sabroso y dulce que nos recordó que el power pop con mayúsculas sigue muy vivo, a pesar de las décadas que nos separan de su nacimientos. Les faltó “Dream all day”.
Texto: Alejandro Elías. Fotos: www.fotografiadeconciertos.com |