No es tarea fácil el reto de llenar un papel en blanco hablando de Depedro. Lo cierto es que se trata de uno de los proyectos más personales e inclasificables de los aparecidos en los últimos años en España. La nueva encarnación de Jairo Zavala tiene miga; después de Vacazul –su grupo de toda la vida-, 3.000 hombres, Amparanoia o Calexico, el músico madrileño se vistió de “chicano” y adoptó sonoridades fronterizas para vestir sus canciones. Depedro bebe de las fuentes de la música de raíz latina, mestiza, canalla, la canción de autor, la rumba, el son, la música africana, el reggae, el blues, la salsa... y las transforma en canciones populares que han tenido la fortuna de abrirse un hueco en el complicado espacio musical español. Su música es difícilmente comparable y no se encuentra otra figura en el panorama musical español (ni internacional) con el que se le pueda comparar estilísticamente. Pero si hubiera que citar un nombre a modo de referente, influencia o vínculo, ese sería, una vez más, Juan Perro.
Llegó el pasado jueves a Zaragoza acompañado de la LIPA Band, una banda de músicos jovencísimos procedentes de la escuela de música moderna de Liverpool, la cual fundó hace algunos años Paul McCartney. Jairo Zavala asumió el reto de llevarse de gira a estos chicos y de aceptar que fueran ellos quienes tocaran su repertorio en directo. Un experimento muy saludable pero poco eficaz, y es que nos dejó a todos con ganas de haber visto ese mismo concierto pero con su banda habitual de músicos. La propuesta se quedó corta, resultó inofensiva, debido principalmente a que el sonido que facturaron los jóvenes músicos todavía no ha alcanzado el nivel de madurez requerido para unas composiciones de esa talla. Aún así, el repertorio de Depedro fue inmejorable y deleitó a un público entusiasmado –y muy numeroso- con todas y cada una de sus perlas sonoras. “Te sigo soñando”, “Equivocado”, Miguelito”, “Don’t leave me now” o “La llorona” son algunas de las canciones que más movimiento produjeron en la audiencia, ávida de texturas latinas y música de frontera. Con “Como el viento” hizo comprobar su valía para facturar canciones con mayúsculas, canciones populares, de esas que están por encima de cualquier estilo. Pero fue con “Comanche” con la que definitivamente hizo explotar la sala zaragozana en un deleite colectivo de ritmo y entusiasmo, poniendo punto y final a un show pausado, emocionante, original y tremendamente equilibrado.
Jairo es un animal de escenario y se gana al público con poco más que su presencia. Las tablas adquiridas durante años y años le han servido para darse cuenta de que un artista es mucho más que sus composiciones. Da muestras de una versatilidad envidiable y una complicidad absoluta con sus compañeros de escenario, sean quienes sean. Sin olvidar, por supuesto, su rigurosidad instrumental que lo convierte en uno de los guitarristas españoles con mejor dominio de la acústica, esa que le acompaña permanentemente en esta nueva aventura que tantas alegrías le está reportando.
Texto: Alejandro Elías Fotos: Diego Stabilito
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