De las relaciones cómplices entre don nadie y zombra, nace esta exploración
de los hirientes abismos abiertos en el alma gris de lo cotidiano.
Se trata de aproximadamente una hora de música, poesía y visuales en vivo, durante la cual vamos trasladando la emoción de unas manos a otras, de unos
acentos a otros, de la palabra al canto, al susurro, a la instantánea
forzada, a la mala película, al paisaje emocional ... ruidos con vocacion de
sonidos, parrafos con vocación de melodias, el don de la nada.
Todo arropando a esa palabra, el amor, tan gastada como piedra pomez
siempe haciendo callo.
como un albañil que construye su casa
como un caracol que arrastra su baba
como un tropezón
y recuerden un don nadie siempre es un buen partido para una hija de madre soltera