Luis Cebrián, crápula y genio interpretativo por excelencia de esta ciudad, es un tipo con suerte. Ha encontrado a Cass, la chica más guapa de la ciudad, la de la canción de Más Birras, y la tiene cantando a su lado. Y el verdadero nombre de Cass es Ana Muñoz, Ana Manzana. Las canciones de Louisiana, desde una perspectiva que bebe de muchas fuentes, rock, folk, los poetas Jorge Boccanera, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, y alguno más de esos suicidas enamorados, filtrados por un atormentado y rockero Ray Loriga, hicieron que el público olvidara que estaba en un concierto, y se transportara a un mundo privado donde las letras de los temas toman sentido. No hay valor es un tema que cala desde el primer momento en directo, y la versión de Summer wine tiene un color mágico, pero esperen a la grabación que han hecho estos chicos con Nacho Serrano, de los Niños del Brasil, como productor, y sabrán lo que es gozar. Además contaron con la presencia de Richi Fandango y Dani Nuboso, que instrumentaron los temas dándoles una dimensión nueva, vistiéndolos con una elegancia. Si el miércoles viendo a Jane Birkin me preguntaba como nacen los mitos, hoy tengo la respuesta: miren, escuchen, lean y sientan a esta chica (y a Luis también, pero menos), y si no se enamoran, o se enamoran de Luis, hagánselo mirar.
Don Nadie y Daniel Rabanaque simplemente conquistaron al público. Con una puesta en escena muy íntima, y en un ejercicio de brutalidad poética y musical, desgranaron sus temas basados en textos de poetas contemporáneos, combinando el rock cantado y recitado. Hubo momentos postapocalípticos, y alguna ocasión como si Kurt Cobain jugara a ser Tom Waits o fuera el nuevo fichaje de Linkin Park o Radiohead. Incluso de permitieron la licencia de interpretar una versión de Fever, entre grunge y blusera, que quedó insultantemente perfecta. Desde mi respeto a los clásicos populares, la influencia de Miliki confesada en su Myspace no hizo acto de presencia. O sí, porque nos hicieron disfrutar como enanos. Tal vez sea por eso.
El turno final llegó para Experimentos in da Notte, rock recitado, contundente, palabras en poemas musicados que Octavio Gómez Milián dispara tirando a matar. Temas basados en versos propios, como ése ya himno titulado Yo me follé a Jane Birkin (otra vez el mito presente), o la perturbadora Cajas (gracias), se mezclaron con textos de Manuel Vilas, menciones a Panero..., sobre las bases cosecha de Pablo Malatesta, de Devito, uno de esos músicos indispensables en el panorama zaragozano. Octavio salió del escenario, para dejar paso a Carmen Ruiz quien, además de poner belleza en el escenario, deslizaba los versos suavemente a veces, otras sensual y lasciva, pero siempre con una hermosa sonrisa. De vuelta con Octavio en el micrófono, montados en el Audi 100 de Vilas, Carmen y Ana Manzana subieron a hacer los coros en un homenaje a Tu Futuro de Leonard Cohen. Y cuando todo parecía haber acabado, un incontrolable Luis Cebrián apareció en solitario, para rematar con su particular homenaje a Andy Kaufman. Como los intentos para detenerle fueron vanos, la opción fue unirse a él, momento en que Octavio desbrochó su cinturón, se bajó los pantalones, y coreó ese histriónico "invéntate un final". Quizá fuera lamentable, pero por ello, fue memorable.
Posiblemente sea la crónica más subjetiva que hayan leído, pero ocurre que además de ser amigos míos, la música que perpetran me encanta. Si quieren objetividad, compren la prensa diaria, y luego me cuentan.
Texto y fotos: Pedro J. Martín
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