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Con esa sonrisa que desplegó a lo largo de las horas del concierto es imposible no caer rendido a los pies de Jane Birkin. La actriz que empezó a despuntar con tan sólo 17 años de la mano de Antonioni y su película Blow up (1966), quizás ya no conserve el físico espectacular que lucía aquellos años, pero no ha perdido su poder de atracción ni su encanto especial. Debo reconocer que no tengo a penas conocimiento de la lengua gala, pero que importan las palabras cuando un artista despliega de una manera tan apasionada sus sentimientos con la única ayuda de su voz y sus gestos: el miedo, la rabia, la ternura o la felicidad. Pero sobre todo felicidad, con la que todo el público abandonó la Sala Mozart del Auditorio.
Jane Birkin venía a Zaragoza a presentar las nuevas composiciones de su nuevo trabajo Enfants d’hiver (2008). Un disco elaborado casi totalmente por ella y que demuestra que hay vida mucho más allá de su glorioso pasado con su ex marido Serge Gainsbourg. Para la ocasión, la cantante y actriz londinense, optó por una escenografía sencilla pero efectiva (apenas media docena de bombillas) y una formación de piano, guitarra, violín y contrabajo. Una banda a la que Birkin cuidó y vigiló con extremo cariño (destacable una joven violinista de tan sólo 19 años).
El repertorio resultó infalible: una mezcla de sus éxitos bien intercalados con sus nuevas composiciones. Comenzó fuerte, y en el tercer tema ya se llevó la primera ovación del público con las primeras notas de Ex fans des sixties (con la que sobrevolaron por el auditorio los nombres de Janis Joplin, Eric Clapton Ottis Redding o Elvis). Por supuesto, tampoco faltaron joyas como La decadanse, Quoi o Lolita go home pero si hubo un momento álgido a la par que mágico fue cuando Birkin cantó Yesterday a day con un paraguas de luces entre el público asistente. Inolvidable.
La musa de la nueva chanson francesa se sintió cómoda durante toda la actuación y se mostró dicharachera. No desperdició la oportunidad de recordar a Serge Gainsbourg ni de dar las gracias al público en innumerables ocasiones. En la recta final del concierto mostró su lado más reivindicativo con Aung Sab Yuu Ki, una canción en apoyo a la liberación de la activista birmana (la misma que U2 también le dedicó Walk on). Con semejante despliegue de simpatía y música, Jane Birkin abandonó la sala con el público en pie y más de 10 minutos de aplausos.
La única pega, como viene siendo habitual, es el escaso número de asistentes (tan solo se llenó la parte central del auditorio). Una lástima que cada vez que se programa un concierto arriesgado, los zaragozanos no responden como es debido (lo mismo paso con Calexico). Esperemos que a Madonna la vaya mejor…
Texto: Jaime Oríz |