Solo por curiosidad pregunto el número. Somos 42. Lo sé, no es mucho para un grupo como La Sonrisa de Julia. Vale que nunca han sido un fenómeno de masas, pero al fin y al cabo, tienen tres discos publicados, un puñado de buenas canciones y una trayectoria en ascenso que para sí quisieran otros grupos que cuelgan el cartel de no hay entradas. Sin embargo, lo que en principio me parecía que iba a ser un motivo para que se convirtiera en un concierto relativamente frío, acabó siendo todo lo contrario. Hay veces que una se siente agradecida por estar presente en momentos así, cuando un grupo sale al escenario, ve lo que hay, y sorprendentemente, levantan la cabeza, sacan pecho y multiplican por diez su entrega habitual. Verlos así, en familia, pasa a convertirnos en un público privilegiado.
Desde el comienzo dejan claro que esto no es un disco. Dentro de ti la terminan con unos arreglos sobrecargados de energía, Grito la cantan a medias con el público, La función tiene un poso mucho más funky que en el disco porque el guitarrista de apoyo no deja de pisar el wah wah, El bufón se vuelve menos folk y más despreocupado, lleno de frescura y powerpop en la parte final, Sonrisas de papel es más rockera y va ligada a Caminos diferentes, Donde está mi vida huele a Radiohead y cuando ya estamos rendidos ante sus melodías de regusto británico y agresividad americana, lanzan una de esas que te dejan tocado y hundido como es Luces de Neón, una canción capaz de remover los sentimientos más estancados. Según Marcos, el vocalista, fue el tema que más le costó escribir del disco. Según nosotros, valió la pena el esfuerzo.
Para salir de tanta emotividad, rescatan Llevo tu voz y creo que no hay nadie en la sala que no la cante de principio a fin. Terminan jugando a cantar con el público, intercambiando "yeah yeah yeahs" a ritmo de El tiempo, también del primer disco. Y como aunque somos pocos, gritamos bastante, nos regalan un bis generoso que empieza con Marcos solo en el escenario, con El tren a voz y guitarra, para ir dando paso al resto de la banda: Raúl a la batería, Diego al bajo, y Víctor como refuerzo para guitarra y teclados. Suenan a grupo, suenan con fuerza y suenan con personalidad. Llega el desenfreno con Libres, Marcos acaba sin camiseta, ahora de rodillas, ahora saltando, ahora de espaldas, ahora por los suelos… Por momentos me parece estar viendo a los Red Hot Chilli Peppers. En directo, La Sonrisa de Julia se aleja del pop y se convierte en un grupo mucho más sucio de lo esperado, dicho en el sentido positivo de la palabra. Es la parte final, la entrega es infinita, todos volamos sin control porque suena Euforia, una canción descomunal, que nos deja extasiados de tanto saltar. Vale que hemos sido pocos, pero se me queda la sensación de que dentro de unos años, cuando La Sonrisa sea más amplia, y la gente se pelee por conseguir la primera fila, habrá 42 personas en Zaragoza que podremos decir eso de "yo los vi en un concierto irrepetible"
Texto y fotos: Beatriz Pitarch
La gente opina:
Diego, 25 años: Me han encantado, porque ahora se parecen más a Muse y se han alejado de lo comercial. Para mí ha sido un paso muy positivo. Junto a Vetusta Morla, han sido lo mejor del año.
Leticia, 20 años: Yo estoy en un grupo y para nosotros La Sonrisa de Julia es un ejemplo a seguir. Destacaría la cercanía que han tenido con el público. Yo creía que iba a ser un concierto más suave pero ha sido una pasada.
Raúl, 31 años: No sé muy bien porqué no ha venido más gente. Quizá son demasiado rockeros para los popies y demasiado pop para los rockeros. Yo he echado de menos canciones como Amor o Sin perdón, pero lo mejor ha sido la energía que han desprendido sobre el escenario, que ha dado igual que fuésemos poquitos, porque la entrega ha sido como si fuésemos miles, y eso se agradece.