El repentino y sospechoso celo de los muchachos de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza llevó el concierto de Quique González, inicialmente previsto en el Oasis, a una Casa del Loco que se quedó minúscula a los cinco minutos de abrir sus puertas.
Quique González no es un artista de masas, pero los que sí llenan estadios lo veneran y lo reivindican por su habilidad para hacer canciones mayúsculas. No pregunten a cualquiera de la calle quién es Quique González porque seguramente no obtendrán respuesta y, sin embargo, el madrileño ha contribuido en estos diez años de carrera en solitario a aportar un poco de dignidad al panorama musical español a base de guitarreo, emoción y unas letras sobresalientes.
Así lo deben de valorar también las personas que un concierto tras otro abarrotan las salas en las que toca y que corean sus canciones como fieles devotos. No en vano, el repertorio de esta mini gira de décimo aniversario ha sido elegido mediante votación por los propios internautas, así que la fiesta estaba servida en bandeja de antemano.
Quique salió al escenario con su americana y su aspecto desaliñado abriéndose camino en el corazón de un público entregado a golpe de canción. Comenzó con la tranquila "Caminando en círculos" como prolegómeno de dos horas de actuación durante las que sonaron todos sus hits magistralmente interpretados por una banda – La Aristocracia del Barrio – con pegada roquera y solvencia contrastada sobre el escenario. Y es que, además de por su indudable talento como compositor, si por algo ha destacado Quique González en estos diez años es por saber rodearse de extraordinarios músicos. Ahora cuenta con el sólido respaldo de Jacob Reguilón al bajo, de Karlos Arancegui a la batería y de Javier Pedreira, un guitarrista imaginativo de inagotables recursos y gusto exquisito que ha logrado con éxito la difícil empresa de hacernos olvidar al fantástico Carlos Raya.
Da igual que sean medios tiempos, zarpazos de rock o baladas al piano, porque la credibilidad y la intensidad del catálogo de canciones de Quique González nunca decae. A caballo entre el cantautor tradicional y el rock americano, sus composiciones nos muestran lo mejor de ambas vertientes: electricidad y sensibilidad, melodía y guitarreo, sudor, energía y alma. "Miss camiseta mojada", "Y los conserjes de noche", "Pequeño rock & roll", "Hay partida" o "Vidas cruzadas" son ya himnos para muchas personas, no tantas como sería de justicia, eso sí, pero sí para una cantidad nada desdeñable de seguidores que va en constante aumento gracias al boca a boca. Y que dure otros diez años más…
Texto y fotos: Jaime Lasaosa
LA GENTE OPINA:
Silvia, 35 años:
«Lo voy a ver siempre que viene a Zaragoza y cada día está mejor. Tiene cancionzacas muy buenas que te llegan. Me gusta ese punto roquero que tiene mezclado con el rollo cantautor».
Albert, 33 años:
«Hemos venido desde Lérida sólo para verlo. Es una pena porque hemos ido al Oasis y nos han mandado aquí. No hemos podido ver casi nada del concierto».
Tatiana, 23 años:
«Lo he conocido hace poco. Artistas como Pereza, Amaral o Iván Ferrero me han llevado felizmente hasta él. No sabía que tenía tantos discos y tan buenos. Yo creo que es una inspiración para los músicos que empiezan».