PUNK’S NOT DEAD
Los legendarios Buzzcocks volvieron a demostrar con su nueva visita a Zaragoza, que el que tuvo, retuvo. Y que fuera de modas y estilos, los grandes compositores de canciones, rara vez dejan de serlo. Y que el espíritu y la intencionalidad que empujó a miles de adolescentes de mediados de los 70s a abanderar una rebeldía aburguesada, pero profundamente antisocial, sigue vivo y, vistos los tiempos que atravesamos, seguirá por mucho tiempo.
El Punk no muere. Como no muere el espíritu hippi del Flower Power, ni las teorías del asociacionismo libertario, ni mueren los ideales de la Revolución francesa… Por desgracia, ninguna revolución ha logrado ser la definitiva, y esa misma necesidad de revelarnos contra lo establecido, si además lo establecido no funciona, propicia que el Punk, por ejemplo, siga teniendo su aceptación, su sentido más de 30 años después, y sobre todo, sus seguidores.
El público, hoy por hoy, de los históricos del movimiento original (pocos quedan de aquellos primeros años tras las separaciones y defunciones de gente como Ramones, los Clash y demás) es una mezcla heterogénea de cuarentones que vivimos aquellos años de nuestra adolescencia con ávida expectación, treintañeros postpunks en busca de sus orígenes, modernas indies y veinteañeros alternativos (y algún perriflauti inclasificable). Gente que tiene en común el gusto por el pop bien hecho y la caña.
Y eso es lo que nos ofrecieron los manchesterianos Buzzcoks en el Centro Cultural de la Almozara el pasado viernes: buen pop. Y la respuesta a ¿es necesario que existan grupos así que deberían estar cuidando de sus nietos y no arrastrándose por los escenarios de medio mundo, con casi 35 años de historia musical a sus espaldas? Y aún más intrigante ¿es necesario que vayamos a verles? Si Buzzcocks por ejemplo, no se hubiesen reunido de nuevo (dos de sus integrantes originales, ya que en el fondo la formación siempre giró en torno a su lider Pete Shelley, desde que Howard Devoto abandonase a su compañero en los primeros tiempos) pues nos habríamos perdido un directo revivalista pero sinceramente bueno. Entretenido, enérgico, básico y a la vez, estudiado por la pericia que da la edad y la experiencia. Prometieron repasar sus primeros discos y hacer una gira que reflejase la energía de aquellos "maravillosos años" del punk y así lo hicieron, interpretando sus mayores logros, como Orgasm addict, I don't mind o Ever falling in love y distintas canciones incluídas en aquellos fantásticos álbumes de debut, que sirvieron para hilar un concierto de altibajos pero de gran intensidad, que demostró además, que muchos grupos suenan a Buzzcocks -y su filosofía de la música, extendida a distintos grupos de su época- tras ellos, pero que ellos no suenan a nadie anterior (salvo papás del punk como Stooges o New Dork Dolls). Buzzcocks y los grupos de su quinta, fueron los verdaderos creadores del pop contemporáneo, resucitando el powerpop, creando el afterpunk, el rock gótico y el grunge, alimentando el espíritu punk más lúdico que ha dado grandes grupazos desde Green Day a Franz Ferdinand, sirviendo de simiente para toda la música independiente desde entonces.
Y ahí tenemos la respuesta: ¿son necesarios? No, pero es necesario reconocer que sin ellos y sus compañeros de viaje, la música pop sería mucho más aburrida. Y ¿tenemos que ir a verles? Pues sí, si lo que quieres es disfrutar de grandes melodías y de un concierto de los de sudar y escuchar. Ojala nuestros grandes grupos de pop de ahora mismo lleguen a la envidiable madurez de estos hooligans punkarras de venerable veteranía.
Su espíritu no ha muerto. Y algunos de ellos, os aseguro que tampoco.
Buena muestra, aunque en muy distintas facetas, de la influencia de esta primera generación punk en la música actual, la dieron dos teloneros de lujo: los locales Lavodrama, que acaparan premios y éxitos (aquí y allá, recordemos que forman parte del triunvirato alternativo de rock aragonés, junto a Persona y Picore, más conocidos fuera de nuestras fronteras) y en directo demuestran porqué, con su rock intenso y profundo, cada vez mejor empastado e interpretado, con una base rítmica contundente y unas melodías de voz y de guitarras cada vez más asentadas (bravo por ellos) y los americanos The Cute Lepers, para mí la gran sorpresa de la noche, con un vitalísimo pop acelerado, herederos directos de grandes secundarios de la escena ochentera, como Merton Parkas, Oingo Boingo o Atlético Spizz 80.
Canciones directas, energía, buen rollito, un poco de provocación y mucho optimismo para tirar adelante cada uno con su vida. Esto es lo que vivimos en la Almozara, que por cierto sonó bastante decentemente y se va consolidando como sala intermedia alternativa frente a los problemas que tienen otras salas de similar capacidad, para continuar con su programación.
¡Que no decaiga! que es de lo poco que nos queda…
Texto: Santi Rex / Fotos: Doctora Kowalski