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STEVE WYNN | LA CASA DEL LOCO
 
  Fecha:    07/02/2009
Sala:       La Casa del Loco
 

Sorprendente. Sólo con este adjetivo se puede calificar el comienzo de la velada musical del pasado sábado en La Casa del Loco de Zaragoza. A priori, el concierto de Steve Wynn; pero en realidad la noche nos deparaba una sorpresa inesperada que todos terminamos degustando cual terrón de azúcar derretido en la boca. Esta sorpresa tiene nombre y apellidos: Igor Paskual, guitarrista de Loquillo. Un animal del escenario. Una bestia parda sobre las tablas. Ya se puede comprobar cada vez que actúa junto a Loquillo, pero jamás antes se le había escuchado en esta ciudad a él solito, presentando sus composiciones propias y armado tan solo con una guitarra acústica. Impresionante. Nunca antes en mi vida había visto nada igual. Nunca antes un solo tipo con su guitarra había impresionado tanto a una audiencia. Unas canciones impecables, con letras sinceras, urbanas y golpeando su guitarra hasta la extenuación, pareciendo imposible no romper una cuerda. Mirando al público a los ojos, con unas poses imposibles, vestido como una estrella del rock (lo que es) y con la raya pintada en los ojos. Si este artista hubiera nacido en USA, sería mundialmente conocido, admirado y respetado. Y multimillonario.

Después de tan grata sorpresa, salió al escenario la banda de Steve Wynn. Un compositor clave en la historia del rock en los últimos 20 años, primero con los seminales The Dream Syndicate en los 80 y posteriormente en solitario. Un artista que ha inspirado a talentos como Kurt Cobain o Frank Black. Todo este reclamo artístico no fue suficiente para llenar La Casa del Loco, que apenas cubrió la mitad de su aforo. Algo ya habitual en esta ciudad, en la que el público rockero es como el cierzo: nunca sabes hacia dónde y con qué intensidad puede soplar. Hay conciertos que misteriosamente gozan de una afluencia masiva, aunque el artista en cuestión apenas asome en los anales de la historia; y otros conciertos que, tratándose de figuras clave en la historia del rock (pasado o presente) no llegan a cubrir los mínimos. Pongamos como ejemplo el concierto de Calexico, hace apenas tres semanas.

"Yo quiero tocar siempre". Estas fueron las palabras que dijo Steve Wynn a mitad del concierto, y casi las cumple a rajatabla. Uno de los conciertos más largos que se recuerdan en la sala, casi hubo más bises que canciones del propio setlist. Steve es un tipo que toca con una sonrisa en la boca, con gesto agradable. El de cantante es su oficio y eso se ve a la legua. La banda que le acompaña suena de maravilla y todos los instrumentos se empastan a la perfección, sucediéndose durante sus conciertos una amalgama de arreglos tan preciosistas como sencillos rematados sobre todo por el violín, el instrumento clave en los conciertos de Wynn. Salta al oído desde el primer momento la admiración de este artista americano por The Velvet Underground y todo lo que huele a Lou Reed. Su voz, apagada tras el micrófono pero viva y encendida en los oídos del espectador, traza las melodías precisas para que el texto se pierda entre el gusto colectivo. No posee un gran registro, como el tío Lou, pero poco importa esto a la hora de escupir los textos urbanos que ambos llevan cantando durante décadas. Sonaron clásicos de su discografía como "Bring the magic" o "Love me anyway", pero fue con "Tears won’t help" con la que consiguió elevar la temperatura del concierto. A mitad de repertorio, el propio Steve tuvo que mandar callar a un grupo de personas que le estaban amargando la noche. Lejos de hacerle caso, siguieron con su distendida conversación privando a los espectadores fieles de parte de su atención hasta que éstos llegaron a pedir que ese grupúsculo de gente abandonase la sala. Conforme avanzaba el concierto el público se animó por momentos y pusieron su corazón en bandeja para que el señor Wynn lo moldeara a su manera, haciendo bailar y cantar a gente de más de 50 años.

Un sonido americano, pero trazado sobre las raíces del indie más seminal. Un sonido y unas canciones que no gozan del aplauso masivo pero que han ejercido enorme influencia en músicos de generaciones posteriores y cuyo legado llega hasta hoy en día. Steve Wynn, en plena forma y con un disco nuevo bajo el brazo, hizo gala de un enorme oficio de cantautor de carretera, de corsario de los escenarios respaldado por una banda cómplice en todo momento y profesionalmente adaptada a su discurso y sonido. Siempre será bienvenida y alabada la labor de quienes hacen posible acercar a estos artistas hasta los oídos de los zaragozanos amantes de la buena música. 

Texto: Alejandro Elías

 
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