Algo está pasando en Zaragoza. Cuando hace no demasiado ibas a disfrutar de buena música en directo, te encontrabas junto a las cuatro caras de siempre, frente a un artista de rostro triste que se preguntaba qué había sucedido esa noche siendo que en otras localidades se encontraba abarrotadas salas más grandes. El pasado viernes en La Lata de Bombillas pudimos comprobar que esa mala racha está del todo pasada –o que la buena racha actual está durando-
Esta vez la cita era con la propuesta personal de Álvaro Muñoz que sigue escudado en el nombre de Tarik y La Fábrica de Colores , proyecto que se dio a conocer ganando el importante concurso Alcazaba Rock allá por la primera mitad de los ochenta. En todo este tiempo hemos visto tan sólo tres discos en el mercado de la formación cordobesa; el último de ellos, Sequentialee , recién editado por el sello Mushroom Pillow bajo la producción de Pedro Cantudo ( Jubile e, Limousine , Universal Circus …)
La banda sube muy lentamente al escenario… suena un bajo… seguidamente la batería… le suceden las guitarras… y finalmente una voz muy baja, y muy Bowie , utilizada como un instrumento más… incluso con menos relevancia que las dos guitarras –que sonaban como tres cuando Mr. Muñoz utilizaba la de doce cuerdas- Ese primer tema, Algo que cae como la lluvia , hacía claras referencias a Jesus and Mary Chain que desaparecieron bruscamente con la siguiente pieza, Vengan los amantes , de sonido más cercano a Neil Young . La versión del Cinnamon girl de dicho artista fue de los puntos más destacables de la jornada. No faltaron temas enormes como A Balón parado , Porque es domingo , Wasted song o I Forgot the lyrics combinando inglés y castellano sobre destelladas psicodélicas abundantes, fondo soul, pinceladas gruesas de pop independiente, melodías de canción ligera española en algunos momentos… En cualquier caso el resultado sonoro no correspondió a una década concreta… ni a un lugar concreto… ni a una corriente concreta…
Intros graduales… donde solitarios bajos o baterías servían de inicio de canción… Exuberantes cambios de ritmos. Guitarras limpias, saturadas, sucias… con frondosos efectos…
Álvaro salió al escenario muy elegante -como es costumbre en él- luciendo una americana de botones altos… Vestimenta formal para un tipo serio que utilizó el micrófono para cantar… y prácticamente no dijo frase alguna en todo el concierto. Curiosamente su extraño pero efectivo carisma podía prescindir de la palabra hablada.
Hubiese sido de agradecer un final como el del disco… con Sé que algún día . Una pieza muy adecuada para terminar… y muy golosa en el directo… aunque sorprendentemente no estuviera ni incluida en el repertorio.
Viva Rafi fue su primer último tema, al que le sucedió un fuerte acople que quedó sonando unos segundos hasta que el grupo abandonó el escenario. Momentos después volvían e interpretaban un soberbio Entonces por qué , una de las primeras composiciones de Tarik y La Fábrica de Colores… himno para muchos de sus seguidores. Este sí iba a ser su punto y final por esa noche. Un punto y final dulce, lisérgico, delirante… ¡Apoteósico!... para un concierto de gran nivel protagonizado por una propuesta que no ha tenido ni por asomo el reconocimiento que merece pero que no abandona y sigue firmando parte de las piezas más completas del panorama musical estatal.
La gente opina:
Trócolo, 21 años: En realidad no sé nada de este grupo. He venido porque me suelen gustar los conciertos de La Lata de Bombillas… y una vez más han acertado…
Isabel, 27 años: Ha sido un concierto tan desconcertante como su último disco. Eso es lo que más me gusta de Tarik .
Ricardo, 21 años: Me encanta que se muevan en el escenario lo justo, que tampoco es poco, y que cuando menos te lo esperes te veas a Álvaro tocando la guitarra por los suelos. Son contradictorios en estilos musicales y actitud… y eso es porque no se casan con nada… son abiertos de gustos musicales, mente y espíritu.
Texto y fotos: Sergio Falces
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