Son muchos años de power pop, son muchos años de conciertos y son muchos años de complicidad con el público español. Paul Collins , aparte de compartir vida sentimental con una segoviana, tiene muchos otros motivos para sentirse a gusto en terreno ibérico. Nuestro sol le inspira para componer canciones, la banda que le acompaña en el directo se basa en la guitarra de Octavio, la batería de Pablo y el bajo de Juancho, a los que hemos visto en multitud de escenarios con diferentes grupos nacionales. Es aquí donde ha dado mayor número de conciertos, e incluso llegó a editar un Live in Spain a nivel internacional. Así que ya para empezar, la predisposición era buena. El resultado, también.
Lo único malo de que sean tantos los años desde que explotaran las primeras canciones de The Nerves primero, y The Beat después, allá hacia finales de los 70, es que el tiempo deja huella en algunos aspectos, especialmente en la voz, menos poderosa hoy en día que cuando le escuchábamos veintitantos años atrás. Pero aún así, Paul estuvo brillante a lo largo de todo el concierto, sin dejar de propiciar un ambiente más que cercano, diciéndole al de las luces que iluminara la sala para vernos mejor, o explicando que el verde era su color favorito. Hacía al público participe de sus comentarios, medio en inglés medio en castellano, señalaba la camiseta de un fan o invitaba a subir a tres chicas a bailar al escenario en pleno Look but don't touch . Y es que para delicia de los nostálgicos allí presentes, no se olvidó de esas grandes canciones que otorgaron al vinilo The Beat en 1979 la categoría de disco de culto, imprescindible en cualquier catálogo de power pop. Let me into your life, Walking out of love, USA o la esperadísima Rock'n'roll girl nos dejaron con una mezcla de Ramones y The Who en la cabeza, pero con mayor intensidad en la melodía y más importancia en los juegos de voces.
Y más melódicos todavía sonaron los temas de su nuevo trabajo, Flying High , el primero en doce años, en donde More than yesterday, All over town o la fresquísima Silly Love nos muestran un lado menos power y más pop. Y en donde una preciosista I'm on fire nos aborda por sorpresa en el escenario, con Collins a solas con su acústica y el resto de la banda a partir del estribillo, para terminar con un solo de slide y el final de la canción interpretado sin ningún tipo de amplificación, al borde del escenario ante un silencioso y conquistado público.
Claro, que era fácil conquistarnos si en el repertorio incluía canciones como Hanging on the telephone , llevada al éxito gracias a la versión que hizo Blondie , la elaborada On the highway , basada en un atractivo riff de guitarra contestado por la parte vocal y sólo de tapping, o All over the world , donde Collins y los suyos jugaron a parar, empezar, acelerar, suavizar, parar de golpe y volver a enganchar el estribillo en una consecución de parones y sorpresas que todos considerábamos como punto final, puesto que ya era el segundo bis. Pero como a entregados no nos gana nadie, y seguíamos gritando y aplaudiendo, Paul Collins no tuvo más remedio que volver a salir para regalarnos The kids are the same , otro de los clásicos nueva oleros del 81. Si el power pop es un pop poderoso, pues sí, está claro que Collins tiene grandes dosis de poder en sus canciones. Y en sus directos ni te cuento.
La gente opina :
Manolo, 46 años : Sus canciones son de lo mejor que ha habido en el pop, y su herencia está en mogollón de grupos actuales. Sólo tengo una espinilla, y es verlo con músicos diferentes a los originales, quieras que no se nota. Pero pese a su edad, viva el power pop!
María, 33 años : He sido una de las chicas que he salido a bailar, la verdad es que me lo he pasado genial, han sabido conectar con todos. Y además me han regalado la cerveza y la púa. No se puede pedir más.
Pablo, 35 años : Un concierto de power pop intenso, un repertorio sin mancha alguna, todas las canciones eran buenas.
Texto y fotos: Beatriz Pitarch .
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