Una vez aniquilados los posibles prejuicios estilísticos que pululaban por nuestros oídos, nos pusimos en marcha hacia el concierto de Ojos de Brujo . Y es que es imprescindible deshacerse de limitaciones auditivas para apreciar lo que da de sí el combo catalán. Claro que antes, a base de rock canallesco, rumba y melodías mediterráneas estaban Los Cármenes, quienes ejercieron su papel de teloneros con absoluta Dignidad , como reza uno de sus temas. Abordando nuevas canciones, regalando algún éxito como Cae la noche e incluso versionando a Leonard Cohen en The Gypsy's Wife , tema que incluyeron en el recopilatorio Disparen a Cohen , promovido por el fanzine aragonés Confesiones de Margot .
Y llegaron después, vistosísimos, los Ojos de Brujo . Y es que en su particular empeño de unir disciplinas artísticas, no se limitaron a interpretar canciones sino que te las cantaban a todo color, con una bailaora, la Susi , que fue capaz de retar a Panko en un pique en el que él aportaba ruidos y voces tras el micrófono a lo que ella le respondía con tremendos zapateaos. Aún no sé quién ganó, sólo que terminaron los dos mano a mano, o voces a pies, mejor dicho, aportando espectacularidad en Feedback , uno de los temas de su último disco. También tuvo la culpa de tanta vistosidad André Cruz , el video jockey, que con la habilidad que dan los numerosos conciertos realizados junto a ellos, mezclaba en la inmensa pantalla que secundaba a OdB , fragmentos de videoclips, momentos escénicos e incluso imágenes del público, dividido en numerosos corrillos donde se bailaba casi hasta cuando se paraba la música.
Cuando sonaba –la música-, lo hacía a ritmo de bulería, tango, seguidilla, rumbita y demás palos del flamenco, pero unido al hip hop, reggae, funky, ritmos hindúes y músicas latinas, que se asoman, con mayor o menor peso, en casi todos los temas. Escuchamos Respira para abrir el concierto, Silencio nos sirvió para no poder cerrar la boca en un buen rato al observar a Carlos Sarduy y su trompeta en esa evocación a la pérdida de la inocencia, nos emocionamos con las vivencias plasmadas en Corre Lola Corre y recordamos éxitos como Ná en la nevera de su primer disco o una interpretación de Barí que incluyó un sentencioso y aplaudido solo de bajo. De Techarí , su tercer álbum hicieron un repaso intensivo sin olvidarse esa canción que también se incluyó en un tributo a Los Amaya que es Bailaores , y cuando ya nos habían dicho adiós, y todos los músicos andaban haciendo la famosa reverencia teatral al borde del escenario, el guitarrista Ramón Giménez se arrancó con un breve homenaje a la Pilarica por bulerías, mientras todos los músicos, y todos nosotros, acompañábamos a las palmas.
Y es que, aunque fueran a claqueta, también dejaron su espacio para la espontaneidad, para lanzar mensajes protesta, para comentar las desavenencias del mundo, e incluso para cambiarse los instrumentos y observar así al trompetista en la percusión, los dos guitarras haciendo palmas, las palmeras con las darboukas, y Marina , con voz agotada de tanto repertorio, al lado de los scratches. Y es que ya lo dicen ellos, en Ojos de Brujo nadie es más que nadie. Todos aportan y todos reportan, sin importar cómo, pero desembocando en un impactante, abierto y logrado resultado final. Que al fin y al cabo es lo que importa.
La gente opina :
Ernesto, 29 años : Me han gustado, y eso que he echado en falta algún sólo de percusión. Pero desprenden dinamismo y se nota compenetración entre ellos. Se deja ver que se conocen bien.
Daniela, 22 años : Sin ser del todo mi estilo reconozco que los músicos son excepcionales y que tienen una puesta en escena realmente cuidada. Aunque tanto hip hop me ha acabado rayando. En el disco no se nota tanto.
Jandro, 26 años : Creo que es muy complicado cuadrar ritmos y videoproyecciones y lo han conseguido con creces. Eso, y los dos guitarristas es de lo que más me ha gustado.
Texto: Gloria Lábez. Fotos: Daniel Piñol.
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