Daba igual el saberlo de antemano, daba igual el haberlo comprobado en ocasiones anteriores, daba igual porque siempre acaba siendo una positivísima sorpresa el descubrir como un grupo con dos componentes llena el escenario como si fueran seis. Es el caso de Bigott . Borja Laudo compone e interpreta con voz subterránea canciones que beben del folk, de la América tradicional y sureña, de Dylan , de la tristeza en su parte más bella y de la calidad. Andrés Perruca le acompaña con la batería más simple del mundo (caja y plato), un par de panderetas, melódica y escobillas de baño para ganar en experimentación. Y los efectos en la guitarra y en la voz, se encargaron de añadir luminosidad en momentos oscuros y viceversa. Eso fue Bigott , una delicia de grupo telonero que por el momento sólo podemos disfrutar en escenarios locales. Tiempo.
759 km al sur, en la efervescente Granada, nos topamos de frente con las canciones de Lori Meyers . Sus creadores viajaron hasta la capital aragonesa para darnos a conocer mejor ese Hostal Pimodán , a punto de reeditarse con nueva compañía, que ya en la versión inicial ha sido alabado por todos y cada uno de los amantes del pop sin fisuras. Precisamente la canción que da título al disco fue la primera en atraparnos a través de los altavoces.
Nos vienen ecos de Beatles , pero también de los Kinks o los Byrds , de los Teenage Fanclub más optimistas, de Los Brincos y de Los Planetas , especialmente en pasajes como Viaje de estudios . Suenan coros y más coros en Sus nuevos zapatos , defendiendo armonías vocales por encima de todo, nos contagian con estructuras impecables y estribillos deslumbrantes en canciones como Ya lo sabes, Dilema, Mujer Esponja o El aprendiz , y añaden punteos setenteros y vertiginosos en El gallo ventrílocuo .
Pero no todo es pulcritud en las canciones de Lori Meyers . Los granadinos tienen piezas más arriesgadas como Desayuno con diamantes , con sobrecarga de tensión, y son capaces de dejarnos sin palabras en El mejor de sus trabajos , por esa letra que escapa de los manidos tópicos “chico-quiere-a-chica”, y por un teclado a ritmo de vals que embellece una canción ya de por sí tremendamente bella.
En el apartado versiones, no se olvidaron de incluir La Caza , escrita por los ex Brincos Juan y Junior , y la de sus paisanos Los Ángeles con No estoy contento , canción que les devolvió al escenario tras los acoples finales de La pequeña muerte . Y hasta el último momento se guardaron en la manga el as Tokio ya no nos quiere, cantado a coro por los músicos, y a gritos por el público, devolviéndonos la esperanza de creer de nuevo en las canciones, al margen de todo lo que las rodea.
La gente opina:
Quique, 24 años : En realidad tampoco los conocía mucho, pero si detrás del concierto estaba La Lata de Bombillas programando, sabía que iban a acertar. Me alegro de haber venido.
Álvaro, 30 años : Un grupo así tenía que salir de Granada, tenía que compartir ciudad con Los Planetas, Lagartija Nick, Niños Mutantes o 091. Debe ser la Alhambra que inspira.
Laura, 21 años : Me han gustado incluso más que en los discos, me esperaba canciones pegadizas y me he encontrado con músicos excelentes y temas a la altura.
Texto: Beatriz Pitarch . Fotos: Sergio Falces .
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