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Fecha: 11.02.06
Grupo: Julio de la Rosa
Sala: La Lata de Bombillas
Entrada: 60 personas aproximadamente.

Sullivans, La Costa Brava, Nubosidad Variable, Lavodrama, Picore o Waco hicieron acto de presencia la pasada noche para disfrutar de uno de los acontecimientos musicales más esperado por parte del que firma. Y es que si “M.O.S.” , el anterior trabajo de este genio ya era capaz de remover mis entrañas de un modo tan inquietante, “Las leyes del equilibrio” ha logrado superar esa agitación con creces.

Elegantemente vestido para la ocasión, De la Rosa se acercó al escenario, sin todavía subir a él, apretó el play de su discman y dejó que sonaran, a modo de intro, percusiones y voces grabadas en el metro neoyorquino. Un silencio sepulcral invadía la sala. Armado con una Gibson de 1953 y una copa de vino, comenzó a desgranar un cancionero que viajó por las distintas etapas que ha recorrido De la Rosa en los últimos años.

El formato electroacústico hizo que ganara en intensidad y acercamiento a un público que de tanto respeto y silencio, asustaba. De hecho, giré la cabeza varias veces desde mi posición en la primera fila para ver si había gente en la sala. Impresionante. Incluso para el artista, quien más de una vez alentó al respetable a hacer algo de ruido, ya que éste se limitaba a aplaudir las canciones, pero volvía a su mutismo con la intención de no perderse ni un suave acorde.

Recordó su anterior etapa con El Hombre Burbuja, “Pingüinos y Koalas” sonó increíble. Explicaba las canciones, como hizo en la impresionante “Otro de sus juegos”, momento enorme de su actuación. Pero para grande, intenso y desgarrador aquel en el que interpretó “El monstruo nunca duerme”, capaz de llenar de lágrimas los ojos del que firma por culpa de una letra e interpretación que difícilmente podré olvidar. “Braile (segunda parte)” también provocó tirantes emociones”, así como “La carta”, la mejor canción de su último disco.

Se atrevió a proponerle al público que escogieran la canción que quisieran escuchar, momento en el que se alzó una voz que pidió la versión de Leonard Cohen que De la Rosa regaló a un fanzine local. Sonó la base enlatada de “Chelsea Hotel” y a modo de crooner cantó sobre ella, solventando con bastante caradura momentos de pérdida de la letra.

Conciertos como el del pasado sábado no se pierden fácilmente en la memoria, he disfrutado de Julio de la Rosa sobre un escenario más de treinta veces, pero puedo decir que lo que sentí hace dos días, no lo había experimentado todavía. Sigo pensando que es uno de los mejores músicos, tanto en disco como en directo, que ha dado este país.

La gente opina :

Tronxito, 31 años: “Elegantísimo. Creo que como músico ha alcanzado ya un nivel increíble, así como su capacidad para emocionar”

Román, 33 años: “Pensaba que vendría con un teclado, como hizo en el Mar de Dios. Pero le sobra todo, con un discman y la guitarra ha hecho más de lo que hacen grupos de seis miembros”

Elena, 22 años: “Era la primera vez que lo escuchaba, me ha convencido mi amiga para venir. No sé, me siento muy triste. Me ha entristecido lo que cuenta, pero me llena de algo raro cómo lo cuenta”

Julio de la Rosa, 33 años:“Nunca he tocado ante un público tan silencioso y respetuoso. Lo peor ha sido entre canción y canción..., no sé, da un poco de cosa ver a todo el mundo mirándote sin decir nada, esperando...”

Texto y fotos: Rafa Angulo