John Cale inició en Zaragoza la gira española de presentación de su ultimísimo trabajo "Black acetate" y me jugaría un órgano vital a que ni el diez por ciento de los allí presentes – bastante maduritos la mayoría - teníamos el disco en nuestro poder. Aseguró desafiante el galés que «los días de La Velvet, para mí, pertenecen a un pasado que afortunadamente está muerto». Afirmación tan grandilocuente como falsa, porque lo cierto es que este fiambre está muy vivo y, de hecho, su espíritu revoloteó por la abarrotada platea del Principal ya desde los primeros acordes de una gloriosa y celebrada "Venus in furs" que abrió el concierto. Nuestro hosco protagonista se calzó la viola eléctrica y provocó la catarsis general en el minuto uno de partido: «shiny, shiny, shiny boots of leather ...». Si has sido miembro de una de las bandas más grandes e innovadoras de la historia atente a las consecuencias.
Se esperaba mucho de esta actuación y en el ambiente se podía palpar la necesidad de revivir aquel mítico concierto de Nick Cave en el mismo escenario. Y doy fe de que John Cale no defraudó y ni mucho menos necesitó echar mano de viejos hits para demostrar que su talento y su carisma siguen intactos a pesar de los años. 63 tacos que se notan físicamente y en la mala leche de abuelo cebolleta que se gasta, pero no desde luego en lo musical. Con una potente banda de bajo, guitarra y batería y un sonido sólido y consistente, John Cale ofreció algo más de hora y media de espectáculo y nos obsequió con gratificantes sensaciones.
Tras la aclamada “Venus in furs” siguieron temas de su larga carrera en solitario como “Turn the lights on”, en la que quedó bien claro que el batería Deantoni Parks es una mala bestia. Superada la fiereza inicial, segundo y último guiño a su denostada época velvetiana: John deja la guitarra y se sitúa en el teclado para acometer varias piezas más pausadas, entre ellas una revisada y atmosférica “Femme fatal”. Ritmos electrónicos y programaciones hacen acto de presencia en una versión tan juguetona como intrascendente. J.C. avisa, alza desafiante su dedo anular para luego señalar inquisidor. Fotos no. Alguien debe abandonar la nave antes del desenlace final...
Ya de nuevo a la guitarra eléctrica, temas antiguos como “Guts” o “Pablo Picasso” y otros más recientes se fueron sucediendo con esa característica voz grave y cavernosa cabalgando sobre largos desarrollos instrumentales en los que la banda – muy buena por cierto - aprovecha cualquier mínimo resquicio para lucirse. El hombre que besó los labios de la bella Nico, es capaz de pasar del terciopelo a la aspereza más absoluta en tan sólo un instante y con una elegancia que sólo dan los años. Y así, canciones abruptas y rocosas se alternan con piezas llenas de sensibilidad.
La crudeza y la experimentación sonora se dan cita para alcanzar el punto álgido de la velada y, sin embargo, da la sensación de que el orgullo del INSERSO no está del todo a gusto en el escenario. Con sus canas y su pelo revuelto, su polo blanco, sus vaqueros y sus zapatillas deportivas parece limitarse a escupir una canción tras otra y, sin embargo, la audiencia está disfrutando de lo lindo. Forma parte de su genialidad, la misma que respalda una sólida trayectoria en solitario.
Para finalizar, el feedback y el guitarreo dejaron paso a un John Cale más acústico e íntimo. El público en pie ovaciona y pide más. “Gravel drive” y “I keep a close watch” sirvieron de primer y previsible bis con posterior sorpresa una vez retirada toda la banda del escenario y con parte de los asistentes – los más impacientes – ya en la calle: él solo con su teclado nos regala un tema más y parece mostrarse satisfecho con lo acontecido. Y yo también. Todos contentos. Un gran privilegio el nuestro por ser él quien es.
LA GENTE OPINA:
Vanesa, 32 años: «Ha sido todo un conciertazo, pero un poco extraño. Él parecía frío y distante y, sin embargo, ha dado lo mejor de sí mismo. He venido de Burgos sólo para verlo y desde luego que ha merecido la pena».
Entendidillo, 36 años: «Lo vimos en la anterior gira y nos gustó más. Lo esperábamos más blusero. Aún así la banda que lleva y el sonido han sido una pasada».
Enrique, 29 años. «Veníamos preparados para escuchar temas de su carrera en solitario y de repente va y nos sorprende comenzando con “Venus in furs”. Ha sido impresionante».
Texto: Jaime Lasaosa , fotos: Sergio Falces |