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Fecha: 16.03.06
Grupo: Glamour to kill
Sala: Casa del Loco
Entrada: 300 personas.

Al grito de «buenas noches zorras» G.T.K. saltó al escenario de La Casa del Loco casi un año después de su triunfal primera visita a Zaragoza, su ciudad fetiche. Nadie sabe los tejemanejes que el trío se lleva con la Virgen del Pilar, pero lo cierto es que su propuesta musical goza de gran predicamento por aquí.

Zaragoza siempre ha sido nostálgica de los ochenta, del petardeo y del techno siniestro y eso es, ni más ni menos, lo que G.T.K. ofrece a un público ávido de emociones inmediatas: ritmos electrónicos y bailables, teclados que conviven con guitarras rugientes, ecos del metal industrial alemán y una estética glam entre el sadomaso y el punk. Por supuesto, Santi Rex entre el público. Ahora lo llaman electroclash ...

Luis Miguélez (ex-guitarrista de Dinarama, Fangoria...) es el alma y el cerebro de G.T.K.. Junto a él, Juan Tormento en el teclado y la programación electrónica y el modelo Antonio Glamour en la voz completan una formación de lo más freak en la que la provocación juega un papel fundamental. Y es que Antonio Glamour no es ningún superdotado vocalmente hablando, pero llena el escenario y transmite a la perfección el mensaje con sus arengas sexualmente explícitas - enmarcadas desde luego en un contexto gay - y con toda suerte de poses eróticas que hubieran escandalizado a la mismísima Tracy Lords en sus buenos tiempos.

Con semejantes coordenadas no debería extrañarnos que la banda española afincada en Berlín iniciara el recital con una lujuriosa versión de “In your eyes” de Kylie Minogue para después ir uniendo las piezas que componen su rompecabezas sonoro. Centrados sobre todo en las canciones de su ultimísimo “Pecados eléctricos”, mucho menos industrial y más pop que su impactante debut “Musik pour the ratas”, G.T.K. acometió un repertorio rebosante de entrega y voluptuosidad.

Sonaron temas como “Vampire” con su pegadizo estribillo en inglés, la delirante “Perder la cabeza” con Luis Míguelez haciendo lo propio azuzado por Juan Tormento, la festiva “Mil noches sin dormir” o el celebrado megahit “Clone fashion”, inspirado en la entrañable ovejita Dolly. También hubo tiempo para versiones de algunos clásicos pasados por el particular filtro lúbrico y sonoro de G.T.K. como “Eisbar” de los alemanes Grauzone, “I wanna be your dog” de Iggy Pop convertida en “Me gusta ser tu zorra” y, para finalizar, “Comment te dire adieu” de François Hardy.

En definitiva, todo un festín de exaltación carnal con alternancia de textos en inglés, francés, alemán y español a cargo de una banda sin fronteras y con una clara vocación internacional. Otra cosa es que en el plano estrictamente musical, G.T.K. se muestren excesivamente repetitivos y, en ocasiones, hasta resulte complicado llegar a tomarlos en serio.

Pero ojo porque tras esa aparente máscara de superficialidad y hedonismo se vislumbra una gran profesionalidad, una gran claridad de ideas y un admirable sentido del espectáculo. Cada gesto, cada comentario, casi cada movimiento está perfectamente estudiado para transgredir y escandalizar, lo cual es acogido con júbilo por unos espectadores cansados de ver sobre un escenario a jovencitos de expresión afectada en vaqueros y zapatillas.

El rock and roll es actitud, intensidad y emoción. Y los chicos de Glamour to Kill lo saben bien.

Santiago, 38 años:

“Como buen amante del petardeo y del techno que soy, me encanta G.T.K.. Yo creo que ahora mismo no hay ningún grupo con esa actitud en la escena española”.

Chema, 27 años:

“Musicalmente me han decepcionado. Este rollo ya no se lleva. Me resultan un poco catetos en ese sentido, pero como show es una pasada lo que hacen”.

Floren, 35 años:

“Me recuerdan a Ramstein y a los Niños del Brasil más salvajes pero en plan gay, menos metaleros y más techno. Me gustaron más la vez anterior, pero si vuelven desde luego que repetiré. Y esto, ¿dónde dices que se publica?”.

Texto y fotos: Jaime Lasaosa Novo