Una envidiada colección de guitarras y pedaleras se agolpaba sobre el escenario de la sala El Cairo utilizando incluso parte del espacio destinado al público para continuar con el desfile de instrumentos. Una batería y un único micrófono, situado también fuera del escenario y utilizado solamente para presentar los temas, conformaban la vista previa de la actuación de los aragoneses La Comodidad del Anillo.
Y con la vista previa nos quedamos durante la hora y cuarto de retraso hasta que comenzó el concierto, aunque no importó demasiado. Si habíamos esperado siete meses para verles de nuevo en directo, podíamos aguantar una horita más.
Los primeros lametazos a la guitarra suenan con suavidad. Galadón, una delicada balada sobre la que planea un cierto aire celta y un sonido cercano a los Dire Straits abre la actuación, dejando clara la compenetración de los cinco cómodos. Cuatro guitarristas, uno de ellos haciendo las funciones de bajo a través de un convertidor MIDI y un batería / percusionista que dota de una fuerza absoluta todas las composiciones.
Sólo una canción y ya nos hemos dado cuenta de que no existen las limitaciones en La Comodidad del Anillo, que por algo ganaron el segundo premio en el Zerbuna 2004, y que tan pronto te encuentras chasqueando los dedos a ritmo de jazz, como que los pies se mueven en un swing acelerado. Que hay sitio para la densidad heavy de Moskovskaia, para el ritmo funky de Chocolate Sexy y también para la rumba balcánica de Sirtaki, donde Cómodo #4 se enfrenta a través de su guitarra española al virtuosismo de Cómodo #1.
El concierto estuvo dividido en dos partes –con intermedio incluido- y tampoco faltaron las versiones. La primera de ellas, una desenfrenada y aplaudida Marcha Turca de Mozart. Las otras dos las guardaron para el final, donde llevaron a su terreno un tema del grupo francés Aleas, quienes actuaron hace un par de años por estas tierras, y la ya clásica en su repertorio Minor Swing de Django Reindhart.
También hubo espacio para temas nuevos. Con o Sin Tigo abrió la segunda parte, un tema sensual donde los haya que evoca imágenes de dormitorio y cortinas al viento, para cambiar en la siguiente canción a las escenas playeras, mezcla de Tarantino y Chris Isaak, de Diguipadadajoy, en el que de nuevo Cómodo #D, el batería, nos deja con la boca abierta. No en vano, en el momento del bis, además del clásico “otra, otra”, se dejaban oír los gritos de “¡solo de batería!, ¡solo de batería!”
Nos quedamos sin solo, pero a cambio repitieron una de las canciones más coreadas de la noche. Sí, sí, los riffs de guitarra también se corean. Y si no escucha Los Viajes de Sir Archivald Bradley, un paseo desconcertante por una melodía compleja llena de cambios de ritmo unidos por ese tremendo riff coreable hasta decir basta. Una vuelta al mundo a través de cuatro guitarras y una batería, cuyo destino final fue la sensación de haber visto un concierto quizá algo estático en actitud, pero decididamente espectacular en todo lo demás.
La gente opina:
Ana, 23 años: ¡Por fin cuatro guitarristas en el escenario!
Juako, 27 años: Entre tanta música comercial repetitiva que nos meten por la radio, de vez en cuando hace falta oír verdaderos músicos que nos quiten la mierda de las orejas. Jorge, 24 años: Una delicia musical para oídos exquisitos, para cualquier noche y para cualquier lugar.
Texto y fotos: Beatriz Pitarch
|