Cuando te subes a un escenario, puedes intentar reflejar sistemáticamente el sonido de tu disco, o puedes salir a divertir y a divertirte, respetando la esencia de las canciones pero empapándolas en un baño de espontaneidad. Ben Lee es de los segundos. Y su directo, por tanto, no es una sucesión de melodías exactas, sino que es un poco de eso y algo más. Con los ojillos parece decirte que no ha roto un plato en su vida pero su sonrisa le delata, sus comentarios, su conexión con el público… todo eso es casi tan importante como lo que viene a presentar, en este caso, su álbum Awake is the new sleep .
Estuvo el australiano arropado por su compañera Lara Meyerratken , a la que también hemos visto girar con bandas como Luna o Nada Surf . Mientras él cantaba guitarra acústica en mano a un micro enredado en una guirnalda de flores, Lara aparecía y desaparecía para ponerse al teclado, cajón, pandereta y/o coros. Para llenar de ternura unas canciones ya de por sí enternecedoras, sencillas, luminosas, con un punto de folk, medio de country y unos cuantos de indie suavizado.
Centró la primera mitad del concierto en su último disco, con más punteos que rasgueos, y con canciones como Into the dark, Close I've come, Gamble everything for love, No right angles o The debt collectors . Pero las cosas cambiaron a partir del momento en el que interpretó I'm Nature's mosquito de Jonathan Richman .
El repertorio se vuelve más enérgico, los comentarios más ingeniosos, la participación más evidente. Entonces no hay problema para buscar a aquella chica que lanzó un “ I love you!!!” desde el público, e invitarla a subir al escenario para sujetar la chuleta del Someday never comes de la Creedence Clearwater Revival , tampoco hay problema para que todo el mundo le acompañe en los “bla, bla, bla” de Song 4 You , o en el “dam deram deram deram dero” de My guitar , ambas incluidas en el disco Grandpaw Would . Ni siquiera hay problema para hacer subir a un intérprete improvisado a traducir que ése era el final del concierto, que tocaba irse en el bis y volver, pero que él pensaba quedarse allí mientras oía los aplausos.
Y los aplausos se oyen especialmente altos cuando suena ese pequeño teclado de juguete que introduce el radiante y contagioso Catch my disease , el tema más televisivo de Lee (por aquello de que salía en el anuncio de Renfe). Con la guitarra y la sonrisa puesta se larga del escenario para plantarse encima de la barra (sí, a lo chica coyote pero con más ropa) y dejarse corear en el We're all in this together . No hay micro, no hay amplificadores, pero la complicidad es tal que todo se escucha con nitidez. Termina el concierto, Ben deja la guitarra y se lleva la complicidad, atraviesa el público por el medio hasta llegar al stand de discos, y una vez allí acabas comprando el álbum para que él te lo firme mientras te lanza una mirada inocente con una sonrisa escondida.
La gente opina:
Jose Antonio, 26 años : Lo conozco de hace cuatro días, lo escuché en Radio 3 una vez y me gustó. Me gustan sus canciones y me ha gustado su directo. El final encima de la barra ha sido espléndido.
Teresa, 30 años : Muy tierno, ha sabido transmitir mucha sensibilidad con pocos medios. Una bonita combinación de pop, folk y country.
Ulrike, 25 años : Vivo aquí desde hace algún tiempo pero soy de Alemania. Aquí la gente se entrega aunque no entienda las canciones, eso es algo que me encanta. Me han parecido unas letras y melodías sencillas, pero sinceras. De las que llegan al corazón.
Texto: Beatriz Pitarch , Fotos: Sergio Falces |