Crónica: RUFUS T. FIREFLY. 16 de Marzo, Ley Seca.

La programación de La Ley Seca sigue consolidándose como una de las más variadas y de mejor calidad de Zaragoza. Su mezcla de estilos, su eclecticismo, su buen trato y su excelente sonido han aupado a la sala hasta lo más alto en las preferencias del espectador musical alternativo de la ciudad. El sábado apostaron por una de esas bandas que comienzan a estar en boca de todo el mundo: Rufus T. Firefly. El quinteto madrileño liderado por Víctor Cabezuelo vino a presentar su primer disco de estudio, el bien logrado “Ø”, un conjunto de magníficas composiciones producidas por Manuel Cabezalí de Havalina. En directo, la banda suena impecable. Desprenden emoción en cada nota que proyectan sobre su público, el cual la absorbe y devuelve de nuevo al escenario creando un feedback clave para el funcionamiento de este tipo de conciertos. La base rítmica, compuesta por Sara y Jul, es arrebatadora y empuja literalmente al resto de componentes en su búsqueda de intensidades, su principal atributo. Esas intensidades son creadas con atino y consiguen mantener alerta al oyente en todo momento, atrayendo su atención y sus cinco sentidos. Canciones como “Somos el enemigo” o el single “El séptimo continente” son ejemplos claros de su debilidad por los claroscuros, por las subidas y bajadas, por las montañas rusas sonoras. Otras sin embargo como “Ya de niños odiaban la música” o “Incendiosuicida” se acercan más al punk-rock americano de los 90, salvando todas las distancias. Las melodías de voz comparten protagonismo con los omnipresentes teclados, creando ambos las bases armónicas en las que se sustenta el preciosismo musical de Rufus T. Firefly, tan cercano al de grupos como Radiohead, por poner un ejemplo por todos conocido. Aunque son un grupo difícil de etiquetar y mucho más difícil de comparar, sí se adivinan ciertas influencias que han sabido introducir con acierto en sus canciones, guiñando un ojo constantemente al rock alternativo americano de última hornada, como dejan ver en su versión de My Morning Jacket. El final del concierto subió las revoluciones del público a través de los pedales de distorsión, con un incendiario pasaje instrumental que puso el colofón a un recital de música con mayúsculas. Una banda a tener muy en cuenta, a seguir de cerca y a no perder de vista. Seguro que en su próxima visita consiguen aumentar su capacidad de convocatoria, el boca a boca nunca falla.

 

Texto: Alejandro Elías

Foto: Jaime Oriz